Reflexión, escucha y diálogo

El mundo actual necesita personas convencidas del bien común, con principios sólidos, ideales elevados y propósitos trascendentes. Jóvenes capaces de amar, comprender y empatizar. Personas que no sólo identifiquen el mal y lo señalen, que también busquen soluciones esperanzadoras con realismo, basadas en un conocimiento profundo del ser humano, sin recurrir a la salida fácil del pesimismo mediático.

Recibí una invitación para dar un mensaje a un grupo de jóvenes universitarios. Mi perplejidad comenzó al enterarme que sería un viernes por la tarde y, además, en una fecha posterior a los exámenes finales. Se trataba de la clausura semestral de una iniciativa que ha perdurado ya por varios semestres y que ha reunido a numerosos estudiantes de distintas carreras para conversar sobre temas profundos, en un espacio amable donde se fomenta la reflexión, la escucha y el diálogo: precisamente las palabras que integran con su letra inicial el acrónimo RED.

Se trata de un ecosistema de pensamiento crítico y conversación, creado por jóvenes y para jóvenes. RED profundiza en diversos temas de actualidad; estudia con detenimiento, analiza distintas perspectivas, comparte ideas y genera reflexiones con el propósito de comprender mejor nuestro entorno y transformarlo a través de acciones concretas.

Se trata de un diálogo interdisciplinario que reúne a estudiantes de carreras tan diversas como Comunicación, Derecho, Ingeniería, Administración, Ciencias de la Salud, Gobierno, Filosofía y Pedagogía, entre otras. Abordan temas que van desde la libertad de expresión, la cultura de la cancelación y la concepción de la identidad personal, hasta el self-harm, la cosificación de la persona humana, el papel de la ciencia en el desarrollo, y los beneficios y riesgos de las redes sociales.

En un contexto mundial complejo —con conflictos entre Israel e Irán, Rusia y Ucrania, India y Pakistán, así como múltiples guerras en África— resulta esperanzador encontrar jóvenes decididos a privilegiar el diálogo y a promoverlo en todos los ámbitos de la sociedad. En un entorno polarizado, donde a menudo prevalece el pensamiento simplista, el poder se convierte en un fin en sí mismo y las ideologías se aferran dogmáticamente, reconforta ver a personas que, sin renunciar a sus principios y reconociendo la existencia de una ética y una moral, buscan distinguir lo esencial de lo accesorio, comprenden que la verdad es alcanzable, aunque compleja, y se acompañan en el camino para aproximarse a ella.

El diálogo parte del reconocimiento de que somos seres sociales por naturaleza, que necesitamos de los demás y que, incluso en el desacuerdo, es posible expresarnos sin recurrir a la violencia. No coincidir con alguien no equivale a odiarlo; es indispensable aprender a disentir sin agredir y sin traicionar nuestros valores.

El mundo actual necesita personas convencidas del bien común, con principios sólidos, ideales elevados y propósitos trascendentes. Jóvenes capaces de amar, comprender y empatizar. Personas que no sólo identifiquen el mal y lo señalen, que también busquen soluciones esperanzadoras y con realismo, basadas en un conocimiento profundo del ser humano, sin recurrir a la salida fácil del pesimismo mediático.

Hace algunas décadas, se hablaba poco de la ecología y la naturaleza era maltratada. De pronto, surgieron movimientos de personas que identificaron el problema y comenzaron a exponerlo en distintos foros. Con el tiempo, tanto empresas como gobiernos tomaron conciencia y comenzaron a actuar.

Esa transformación de abajo hacia arriba es posible también en otros ámbitos: la cultura de la paz, el fomento del diálogo de alto nivel con pensamiento crítico, la reflexión serena, la escucha atenta, la búsqueda del bien común a través de generaciones más generosas. Vale la pena intentarlo, no porque sea fácil, sino precisamente porque es difícil, como dijo hace tiempo un famoso personaje.

Quedé contento y agradecido al recibir la invitación para conocer a los jóvenes que lideran esta iniciativa, dispuestos a sacrificar un viernes de vacaciones por la tarde, que dedican su tiempo sin esperar ninguna retribución económica, que han logrado publicar artículos en medios relevantes del país, que hoy participan en foros en Washington D.C. para proyectar su ideal a nivel internacional, y que están profundamente ilusionados con la posibilidad de construir un mundo mejor.

Existen múltiples iniciativas estudiantiles con fines nobles en muchas universidades del mundo. Ilusiona atestiguar que la juventud no ha perdido sus anhelos y sigue en la búsqueda de respuestas a sus inquietudes más profundas. Mientras eso suceda, la esperanza seguirá viva, a pesar de los desafíos actuales.

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