El mundo, México y yo en 2026. De la incertidumbre global a las decisiones cotidianas

Santiago García Álvarez
Editorial
Con el arranque de un nuevo año reaparece la inclinación, tan humana, de mirar el mundo con una mezcla de curiosidad, inquietud y responsabilidad. 2026 se perfila atravesado por tensiones profundas y dilemas persistentes. He querido, por ello, reflexionar sobre algunos de los escenarios que enfrentaremos, avanzando de lo general a lo particular. Del mundo a México y, finalmente, a ese espacio íntimo donde las grandes preguntas adquieren rostro personal.
A NIVEL MUNDIAL
Entre las preocupaciones del escenario global destacan, de manera ineludible, las guerras y todas aquellas realidades que vulneran la dignidad humana. Me refiero a la pobreza, enfermedad, hambre, explotación, inseguridad y otras heridas que continúan abiertas en distintas regiones del planeta.
En el terreno geopolítico, la confrontación involucra a múltiples actores, aunque con Estados Unidos, China y Rusia como protagonistas centrales. A este tablero se suma la creciente tensión en América Latina, evidenciada hace apenas unas horas en la intervención de Estados Unidos en Venezuela, que reaviva el debate sobre soberanía, estabilidad regional y el delicado equilibrio entre presión internacional, legalidad y autodeterminación de los pueblos. Otro frente que previsiblemente se intensificará es la carrera espacial, impulsada por intereses estratégicos y, en particular, por consideraciones de carácter militar.
La polarización ideológica sigue marcando la agenda. Nuevas configuraciones de “izquierdas” y “derechas”, distintas en sus discursos, pero coincidentes en un punto inquietante: la presión sobre los bancos centrales para limitar su autonomía. Casos como el de Inglaterra, Japón o Estados Unidos ilustran esta tendencia, en un contexto donde el relevo en la presidencia de la Reserva Federal abre interrogantes adicionales sobre el rumbo de la política monetaria.
Un breve paréntesis a propósito de Donald Trump. Por curiosidad, pregunté a la inteligencia artificial cuántas portadas de un importante periódico de circulación nacional habría protagonizado el presidente estadunidense en 2025. La estimación fue de entre 85 y 100. Resulta llamativo cómo una prensa abiertamente crítica continúa otorgándole un protagonismo constante, justo el combustible que mejor alimenta su estrategia política.
A NIVEL NACIONAL
En México, los retos no son menores. Para amplios sectores de la población, los más apremiantes siguen siendo los relacionados con la seguridad, la influencia del narcotráfico y el consumo de drogas, a lo que se suma una creciente incidencia de Estados Unidos en algunas decisiones de política nacional vinculadas a estos temas.
El año que comienza anticipa un crecimiento económico limitado. A ello se añaden los desafíos del sector energético, con implicaciones tanto económicas como ambientales. La revisión del T-MEC ocupará buena parte de la agenda pública, pues su desenlace tendrá efectos relevantes en el comercio regional. No faltarán titulares que anuncien nuevas amenazas de no firmar el acuerdo, siguiendo una estrategia de negociación reiterativa y desgastante, cuyo desenlace positivo todos esperamos.
Otros temas quedan fuera por razones de espacio, sin dejar de mencionar las oportunidades y riesgos asociados a que México sea sede del Mundial de fútbol. Ojalá este evento funcione como un catalizador de desarrollo y no como un foco de politización, como ocurrió en experiencias recientes en otros países.
A NIVEL PERSONAL
En el plano personal, los desafíos se expresan en clave de discernimiento. La prudencia en la toma de decisiones cotidianas. El equilibrio entre lo profesional, lo familiar y lo personal. Saber cuándo actuar y cuándo detenerse. Cuándo hablar y cuándo escuchar. Cómo cuidar lo material sin descuidar lo espiritual. Y, sobre todo, cómo no dejarse paralizar por los problemas globales y nacionales, sin renunciar a la responsabilidad de actuar en aquello que sí está a nuestro alcance.
Quienes influyen directamente en la esfera pública tienen hoy una responsabilidad ética particularmente alta. Para quienes no ocupamos esos espacios, existe igualmente un amplio campo de acción. Hablo de formar ciudadanía, educar con sentido, fortalecer comunidades, contribuir al bien común, rechazar la mediocridad y mantener la humanidad incluso en contextos adversos.
Una idea final. Las celebraciones decembrinas nos recuerdan que lo extraordinario necesita de lo ordinario para no vaciarse de sentido. Si todo fuera fiesta, la fiesta perdería su magia; si todo fuera excepcional, lo excepcional se banalizaría. Tal vez ahí radique la clave. En aprender a hacer de lo cotidiano algo valioso, descubrir el sentido de cada día y contribuir, desde nuestra propia trinchera, a construir un mundo y un México mejores.