Exponenciar el sector social
Uno de los aprendizajes más valiosos de este proyecto es la articulación efectiva entre distintos actores: una empresa privada comprometida a invertir, una universidad dispuesta a operar el centro y varias organizaciones sociales colaborando.
Hace apenas algunos días se dieron a conocer los resultados del impacto del centro comunitario MAPFRE-UP en una zona vulnerable de la Ciudad de México. La convocatoria incluyó representantes de empresas, sector público, universidades, medios de comunicación, instituciones de asistencia privada y diversas iniciativas sociales. La presentación me dejó con una sensación positiva; sin embargo, reconocí que aún queda un largo camino por recorrer en la profesionalización del sector social y su integración con otros actores. Estoy convencido de que, si esto se hiciera de manera ordenada, consistente y coordinada, México experimentaría una verdadera transformación social en los próximos años.
Este centro comunitario nació de la colaboración entre la empresa privada MAPFRE y la Universidad Panamericana. La universidad adquirió un terreno, mientras que la aseguradora se encargó de la construcción y proporciona un apoyo financiero anual. La institución educativa, por su parte, se comprometió a operar el centro con su personal y recursos. A esta alianza se suma el Comedor Santa María, que implementa un programa de nutrición infantil. El centro fue inaugurado en 2015 con la presencia de autoridades de la Ciudad de México y de la alcaldía Álvaro Obregón.
El proyecto se diseñó con base en un estudio sociológico que identificó los principales retos de las comunidades involucradas, con el propósito de ofrecer un servicio integral y contribuir a reducir factores vinculados a la pobreza, mejorando el bienestar de las familias. El centro cuenta con servicios de medicina, enfermería, psicología, nutrición, educación, apoyo jurídico y preparación laboral, entre otros.
Tras varios años de operación, los encargados del proyecto se preguntaron si realmente estaba mejorando la calidad de vida de la comunidad y si la inversión valía la pena. Para responder a estas dudas, la doctora Marisol Velázquez y la doctora Lorena de la Torre desarrollaron un estudio de largo plazo, empleando metodologías del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Analizaron, a través de técnicas cuantitativas y cualitativas, el progreso en diversas variables a lo largo del tiempo.
Las investigadoras encontraron que las personas beneficiadas mostraron una mejora de 29%, comparando estos resultados con estudios similares realizados en Argentina, Brasil, Indonesia, Vietnam, Bolivia y México. El estudio fue publicado en septiembre de 2024 en una revista científica indexada en el área de sostenibilidad.
Uno de los aprendizajes más valiosos de este proyecto es la articulación efectiva entre distintos actores: una empresa privada comprometida a invertir, una universidad dispuesta a operar el centro y varias organizaciones sociales colaborando. Además, el proyecto ha recibido apoyo de diferentes jefes de gobierno y alcaldes, independientemente de su afiliación política, demostrando que una causa noble puede unir incluso a distintas identidades partidarias.
La Universidad Iberoamericana administra un centro comunitario cercano, y ambos trabajan en conjunto, demostrando que la colaboración es posible en el ámbito social. Este modelo, llamado “completencia”, se basa en el apoyo y la complementariedad, en lugar de la competencia. En estas iniciativas participan estudiantes de diversas universidades, tanto públicas como privadas.
En este contexto, la investigación referida ha ayudado, también, a identificar las necesidades reales, a evaluar si los esfuerzos están logrando sus objetivos, a usar los recursos de manera eficiente y a asegurarse de que las inversiones mejoren la calidad de vida de las personas.
En México existen numerosas iniciativas sociales. Cemefi, por ejemplo, tiene 1,400 socios. La Junta de Asistencia Privada en CDMX tiene 2 mil organizaciones registradas. No son pocas las instituciones con fines sociales en nuestro país. El milagro de estas iniciativas es que, como pocas, logra sumar todas las voluntades: lo público, lo privado, lo social; investigadores y docentes; jóvenes y adultos; gobiernos de distinto signo, y medios de comunicación.
El reto en el sector social en México consiste en profesionalizar las iniciativas, en articularlas con todos los agentes, en sumar agendas entre sectores, en invertir de modo inteligente. De este modo, los miles tendrían un efecto de cientos de miles.
