Entre el metaverso y el ChatGPT: ¿nuevas competencias en la educación superior?

En las últimas décadas, la educación superior ha sufrido muchos cuestionamientos. El hecho de tener durante siglos el monopolio de los títulos universitarios ha generado ciertos estancamientos

Derek Bok, antiguo rector de Harvard, hace una sugerente reflexión sobre la evolución histórica de la educación superior. En sus primeros años, la universidad preparaba ministros religiosos y profesores a través de los textos clásicos. Con la industrialización, estas instituciones se enfocaron en desarrollar habilidades prácticas para que sus egresados fueran capaces de potenciar la producción. Después de la Segunda Guerra Mundial y dado el crecimiento de las economías, la educación superior se enfocó en formar profesionistas para el mercado. Fue también el momento en el que muchas más personas acceden a la universidad. Actualmente, con los avances en tecnología y ciencias cognitivas, así como con nuevos retos como el metaverso o el ChatGPT, ¿se tendría que replantear la educación superior? ¿Cuáles son sus prioridades formativas para responder a las necesidades actuales?

Algunos autores, como Harari, piensan que el mejor modo de responder a los nuevos retos es centrándose en las llamadas 4 C: creatividad, capacidad crítica, comunicación y colaboración. Algunos le agregan la “c” de carácter o la “c” de conciencia; factores que la universidad clásica privilegiaba y que el pragmatismo posterior descuidó. El común denominador de todo este compendio de las C es que poseen condiciones que trascienden la automatización y la tecnología a través de características específicamente humanas. Con ellas, el ser humano es capaz de asignar límites al mundo digital y, al mismo tiempo, explotar el enorme potencial de las nuevas tecnologías.

Por otra parte, expertos en educación de todo el mundo, como los pertenecientes a AAC&U, han dedicado mucho tiempo a reorientar los métodos pedagógicos a través de los llamados “learning outcomes” o resultados de aprendizaje que intentan superar los tradicionales perfiles de egreso basados casi exclusivamente en conocimientos para responder a las competencias que requiere, no sólo el mundo tecnificado, sino también el contexto social y cultural contemporáneo.

Se habló mucho tiempo de competencias donde destacaban la resolución de problemas, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la creatividad y el análisis. Hoy en día, además, los resultados de aprendizaje se centran en la “information literacy” –que es la capacidad de ordenar y priorizar información para una mejor comunicación– y la “quantitative literacy”, que permite usar métodos matemáticos para resolver problemas reales concretos.

El tema es claro. La educación actual tendría que ser capaz de desarrollar la capacidad de integrar y aplicar el conocimiento. Si bien el acento se ha puesto históricamente en la obtención y el análisis de información, ahora es prioritario desarrollar la síntesis, a través de la cual se separa lo importante de lo no importante, lo prioritario de lo accidental o, incluso, especialmente en la última década, lo verdadero de lo falso. Las personas con capacidad de ser sintéticos no sólo son capaces de detectar la raíz de los problemas, sino también de aplicar el conocimiento a la solución eficaz de estos retos.

Uno de los aciertos de los learning outcomes es que no sólo han intentado determinar qué conocimientos, habilidades y destrezas queremos formar en los estudiantes, sino que también han dedicado mucho tiempo para proponer los cómos y establecer caminos claros en los cuales los procesos lleven eficazmente al resultado deseado. 

La educación superior tiene muchos retos adicionales: formar ciudadanos responsables, fomentar el conocimiento de las distintas culturas, respetar la naturaleza del mundo y del ser humano, priorizar la ética, otorgar herramientas para el cuidado de la salud mental, contagiar su amor por la sabiduría y, sobre todo, inspirar a personas para que tengan vidas felices y con propósito. Todo esto, y mucho más, excede el propósito de estas líneas. Sin embargo, adelanto una reflexión: ni siquiera la mejor selección de cursos en línea podría garantizar esta combinación, salvo que fuera acompañada de un magnífico coaching, en cuyo caso se parecería al concepto original de universidad de los primeros siglos.

En las últimas décadas, la educación superior ha sufrido muchos cuestionamientos. El hecho de tener durante siglos el monopolio de los títulos universitarios y ser el único trampolín al mundo profesional ha generado ciertos estancamientos. Las críticas son razonables. Al mismo tiempo, la educación superior tiene una gran oportunidad de reafirmar su valor en tiempos de la explosión tecnológica y digital. Por lo pronto, las 6 C y los nuevos learning outcomes nos dan pistas esperanzadoras para pensar que podemos hacer frente a los retos actuales y que es factible desarrollar nuevas habilidades, competencias y disposiciones que permitan a los jóvenes enfrentar esta nueva etapa histórica con compromiso e ilusión.

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