Democracia y libertad en Elon Musk

Una de las noticias más relevantes de la semana ha sido que la junta directiva de Twitter aceptó la oferta de compra por 44 mil millones de dólares realizada por Elon Musk. Las reacciones han sido múltiples: hay quien festejó el anuncio, otros aventuran el peligro de ...

Una de las noticias más relevantes de la semana ha sido que la junta directiva de Twitter aceptó la oferta de compra por 44 mil millones de dólares realizada por Elon Musk. Las reacciones han sido múltiples: hay quien festejó el anuncio, otros aventuran el peligro de congregar tanto poder mediático en una sola persona y hubo quienes mejor cerraron su cuenta en esta red social. Así, hasta el momento, parecen existir más preguntas que respuestas sobre el camino que tomará la famosa plataforma.

Las principales propuestas de Musk para el manejo de Twitter son combatir los bots, autenticar usuarios humanos, permitir la edición de tuits, convertir los algoritmos a código abierto e intentar que el bloqueo de usuarios sea el último recurso. Dos grandes objetivos subyacen: evitar la manipulación tras bastidores –tanto por la vía manual como por la de los algoritmos– y garantizar la libertad de expresión al evitar la moderación de contenido.

De primera impresión parecería una contribución a la democracia. Como visionario empresario, Musk arranca rompiendo límites, creciendo expectativas. No obstante, un nutrido grupo de opiniones coincide con Max Boot, columnista de The Washington Post, quien afirmó: “Temo por el impacto en la sociedad y en la política, si Elon Musk compra Twitter”.

Hace menos de un año, el Pew Research Center llevó a cabo una encuesta donde los usuarios de la plataforma coincidieron en afirmar que la información inexacta y engañosa era el más agudo de sus problemas. Parte de la ya conocida “infodemia”, recrudecida a partir de la crisis sanitaria derivada del covid.

En efecto, los bots y los personajes anónimos generan gran cantidad de noticias, reacciones y comentarios ante los cuales el público general pierde la dimensión objetiva, no sólo de la veracidad del asunto, sino del número exacto de personas que piensan de determinada manera. Podría dar la impresión que son cientos o miles los que coinciden en alguna postura, cuando la intención manipuladora viene de una sola o muy pocas cabezas. Es conocido que campañas políticas han tenido inversiones millonarias en plataformas digitales para generar, primero, aparentes mayorías, y, después, mayorías efectivas.

Precisamente por eso, Musk piensa que su intervención en Twitter facilitará el camino de la democracia, pues se podrá saber con mayor certeza qué opina cada individuo y con mayor precisión, cuántas personas piensan en un sentido u otro.

En efecto, que Twitter refleje de modo objetivo la realidad, se antoja difícil. Muchas personas no tienen interés ni acceso a Twitter y, por tanto, “las mayorías” de la plataforma no necesariamente representan al resto de la población.

Sin embargo, el simple hecho de garantizar que no existen potenciadores artificiales de opiniones minoritarias o mayorías con cimientos anónimos, puede ser un primer paso positivo.

Al mismo tiempo, al favorecer la libertad de expresión se corre el riesgo de que se multipliquen agresiones ante distintas personas o temas. Ésa es la preocupación de Boot: “Él (Musk) parece creer que en las redes sociales puede hacerse cualquier cosa. Pero para la supervivencia de la democracia necesitamos más moderación del contenido, no menos”. En contraparte, el hecho de que detrás de toda aseveración haya una persona concreta que da la cara, puede representar un garante de que las personas asuman con responsabilidad su propia libertad de expresión.

En cualquier caso, el diálogo sigue siendo una herramienta fundamental en una democracia. La polarización ha demostrado ser un mecanismo perverso, muchas veces favorecido por extremos, cuya agenda no necesariamente es el bien común, sino simplemente la búsqueda de un poder mediático, social o de facto. Algunas redes sociales han potenciado esa polarización y los efectos sociales no parecen ser positivos.

Musk ha asumido posiciones increíblemente visionarias, pero también, en otros momentos, controvertidas y no siempre sensatas. Como dueño de la plataforma, no sabemos qué cauce le dará en adelante y si existe o no una agenda oculta. El excesivo poder en manos de una sola persona no deja de ser peligroso y la responsabilidad que adquiere el multimillonario se vuelve increíblemente grande.

La plaza pública que representa internet a través de sus plataformas sociales es actualmente el mercado de ideas más grande que existe y tiene un enorme potencial. El hecho de que Musk intente aumentar las garantías democráticas y generar un flujo transparente de opiniones puede ser positivo. Por lo pronto, siguen existiendo más preguntas que respuestas: habrá qué ver, por ejemplo, qué entiende Musk, en el fondo, por democracia y libertad.

De ello, y de su imparcialidad, nos jugaremos consecuencias importantes en no mucho tiempo.

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