Operación: golpe de Estado blando vs. el Presidente

El politólogo estadunidense Gene Sharp ha trabajado en diversos programas para adoctrinar a activistas para que, a través de métodos no militares, se utilicen técnicas que contra algunos gobiernos han logrado tener cierto éxito. Se han dividido en cuando menos cinco ...

El politólogo estadunidense Gene Sharp ha trabajado en diversos programas para adoctrinar a activistas para que, a través de métodos no militares, se utilicen técnicas que contra algunos gobiernos han logrado tener cierto éxito.

Se han dividido en cuando menos cinco niveles: 1. Promoción mediática y de redes de condiciones falsas de malestar social, supuesto desabasto de medicamentos, incremento de criminalidad y molestia del empresariado. 2. Narrativas de presuntos hechos de corrupción o relaciones con la delincuencia por parte de miembros del gobierno o personas relacionadas con ellos. 3. La promoción mediática y propagandística del supuesto apoyo de algunos miembros del Poder Judicial, líderes de opinión y de instituciones gubernamentales de inteligencia y de lucha contra las drogas. 4. Convencer a través de estos mecanismos a la sociedad civil, que tiene acceso a diversas plataformas de redes, para confundir a través del diseño de campañas mediáticas con contenido falsario. 5. Busca desestabilizar o incluso destituir a un Presidente ascendido al poder democráticamente. Estos procesos van acompañados de la divulgación de falsos rumores, aunado a documentos apócrifos, videos de supuestos participantes o testigos, así como campañas intensas de violación a la libertad de prensa señalando autoritarismo del gobierno en turno.

También comienzan las manipulaciones colectivas para convocar a manifestaciones que suelen ser violentas en contra de las instituciones y sus titulares. Continuará una intensa guerra de desestabilización para crear un clima, a través de los medios de comunicación aliados, de ingobernabilidad; parte de ese diseño involucra también difundir las condiciones domésticas en otros países para buscar un rechazo internacional. Estas estrategias han venido sucediendo desde principios de los años 50 en Oriente Medio, empleadas principalmente por la CIA en 1953 en contra de Irán; este “golpe de Estado no tradicional” está absolutamente sustentado y diseñado para cumplir las expectativas de agendas ajenas a los gobiernos democráticos y con plena soberanía, se ejecutan en el mundo entero por la lucha del poder.

En nuestro país, estas estrategias forman parte de lo que estamos viviendo en este último año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, y que con mayor intensidad se han percibido desde el último semestre de 2023 y se recrudecerá conforme se acerque el 2 de junio de 2024, día de las elecciones más importantes de la historia de México. Para la mayoría de la gente, estos procesos parecen más el guion de una película intervencionista y de fantasía, pero la realidad rebasa por mucho la ficción. Cada vez más surgen asesores extranjeros que contratan a agencias especializadas en el diseño de campañas negras, donde la ética, los valores, la sobriedad y la mesura son los únicos ingredientes que no existen.

Son utilizados medios electrónicos de información desprestigiados, pero amarillistas, sin calidad, aunque con impacto en redes; según el presupuesto, las notas alcanzan a publicistas con mayor rating para ser tendencia nacional con la constante de denostar al hombre con mayor poder político del país. En México, el aplastante resultado de las encuestas electorales da a Claudia Sheinbaum prácticamente 30% de ventaja sobre una candidata de oposición acompañada de esta guerra blanda, resultó un enorme búmeran sobre la pretensión de la campaña opositora de derecha. Cada día que pasa es un punto menos en la preferencia electoral, harakiri puro.

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