Morena, la marca pesa
Hoy, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), virtualmente, gobierna más del 62% de los gobiernos estatales del país.
La contundencia del resultado electoral del día de ayer, más allá de una elección intermedia, que fue la del año anterior, es atípica e inédita, y esto se debe a la enorme popularidad que ejerce el presidente López Obrador en todo el país, los índices de aceptación del titular del Ejecutivo todavía crecerán más después de estos comicios, y en esta ola se pueden tener extraordinarios resultados si, además de su influencia, se cuenta con candidatos que evoquen la figura del Presidente por sus méritos, su química natural y empatía con el pueblo.
Hoy, Morena, virtualmente, gobierna más del 62% de los gobiernos estatales del país. En Estados Unidos, el Partido Republicano gobierna 28 estados y el Partido Demócrata 22, sólo por hacer una comparativa de lo que significa una polarización partidista que poco o nada tiene que ver con una de carácter político o social, como se ha querido hacer notar en nuestro país.
La erosión con la que hoy cuenta la alianza Va por México, integrada por el PRI, el PAN y el PRD, no sólo se encuentra en un absoluto naufragio que difícilmente podrá recuperarse en los años venideros, además, la ausencia de un discurso aceptable y la presencia de actores que contribuyen a ese resultado son las que hacen cada vez más grande el daño a la línea de flotación de su proyecto político; la prepotencia, la soberbia y la repetición de campañas negras como su único artilugio y argumentación política es una analogía a la expresión de: “Se ahogaron con su propio veneno”.
Los audios filtrados, más allá de un supuesto espionaje, parecen testimonios indefendibles de una carpeta de investigación, prácticamente son una confesión, se podrían acreditar diversos actos ilícitos contemplados en el catálogo penal, como la delincuencia organizada, la simulación fiscal, el uso de recursos de procedencia ilícita, peculado y, en fin, una retahíla que falta espacio en este medio para señalar.
El pago a pseudoperiodistas y campañas orquestadas armónicamente para distraer la atención y crear un ambiente de duda, crispó más los ánimos y propició que la gente confirmara el descrédito de quienes hoy no gozan de ningún reconocimiento profesional ni mucho menos social, y la evidencia de que ocupan las mismas artimañas que en las últimas elecciones, lo único que han dado son derrotas vergonzosas que seguramente causarán renuncias involuntarias dentro del PRIAN.
La narrativa en los análisis y el resultado electoral coinciden plenamente: gana el presidente Andrés Manuel López Obrador y aterriza a nivel local la Cuarta Transformación gracias a las estructuras locales, la buena operación y el liderazgo legítimo; la derrota no tiene paternidad, todos le rehúyen.
Más allá del centralismo, la contundencia en el triunfo se concentra en las definiciones de los hoy gobernadores y de los liderazgos locales. La marca pesa, pero ahora pesan mucho más sus candidatos. Estas elecciones son premonitorias para lo que sucederá en el 2023 y 2024.
