México en paz; sin riesgo el Mundial de la FIFA

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

El Gabinete de Seguridad, coordinado por Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, bajo las indicaciones de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha dado, en menos de 150 días, muestras altamente contundentes en contra del crimen organizado y los generadores de violencia. Nunca en la historia reciente de México se había observado una combinación de inteligencia operativa, coordinación interinstitucional y despliegue territorial con resultados de tal magnitud.

Los decomisos se cuentan por toneladas de precursores químicos y drogas sintéticas; objetivos prioritarios han sido capturados o neutralizados; miles de personas vinculadas a estructuras criminales han sido detenidas y se reporta una disminución significativa en delitos de alto impacto en zonas estratégicas. El fortalecimiento del marco jurídico contra la extorsión y otras conductas que agravian directamente a la población ha comenzado a cerrar espacios estructurales de financiamiento ilícito.

En este contexto, trasciende que Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, habría sido herido de muerte durante un operativo en la sierra de Jalisco. De confirmarse plenamente por vía oficial, el hecho marcaría el inicio de la fragmentación y eventual disolución del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más violentas de las últimas décadas.

El CJNG surgió durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, en un proceso de recomposición del mapa criminal nacional. Aquella etapa coincidió con la gestión de Genaro García Luna, hoy sentenciado en Estados Unidos por delitos relacionados con narcotráfico. El crecimiento exponencial del grupo fue consecuencia de vacíos institucionales y disputas territoriales que hoy enfrentan una respuesta distinta: inteligencia estratégica, coordinación binacional y control territorial sostenido.

La eventual caída de su líder no implica la desaparición inmediata del fenómeno criminal. Las reacciones iniciales —bloqueos, incendios de vehículos y actos intimidatorios— responden a una lógica de demostración de fuerza. Sin embargo, sin un liderazgo central incuestionable, la estructura tiende a fragmentarse, debilitando su cohesión estratégica y su capacidad de expansión coordinada.

Este golpe representa un paso más en el proceso de pacificación del país. La neutralización de liderazgos de alto impacto no es un hecho aislado, sino parte de una política integral que combina inteligencia financiera, presencia territorial y cooperación internacional. La consistencia operativa será determinante para evitar reacomodos violentos y consolidar la reducción sostenida de la incidencia delictiva.

Es importante subrayar que este escenario no pone en riesgo la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Los eventos internacionales de esta magnitud cuentan con esquemas de seguridad multinivel, coordinación entre órdenes de gobierno y protocolos específicos de prevención y reacción. La acción firme del Estado frente a estructuras criminales fortalece, no debilita, las condiciones para que México sea sede con estabilidad y garantías.

 

Si se confirma oficialmente el abatimiento, no sólo concluiría el ciclo de un capo, sino que se cerraría un periodo marcado por la expansión violenta de una organización que llegó a disputar rutas, puertos y mercados internacionales. La pacificación no es un discurso, es una política pública medible; y este momento podría convertirse en uno de sus puntos de inflexión.

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