La reforma patriota

La realidad es que estas grandes reformas se resuelven en otros ámbitos de negociación.

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

Cuando se escribió esta columna, faltaban más de 70 oradores en la primera ronda de inscritos para la discusión y debate de la contrarreforma energética, principalmente de los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

Los inscritos de todos los partidos políticos en realidad son una lista de exhibición de egocentrismos, muy poco elocuentes mensajes y la enorme mayoría de retóricas repetitivas sin mucha sustancia estadística, económica, social o política.

La realidad es que estas grandes reformas se resuelven en otros ámbitos de negociación, donde la operación política va más allá de los actos protocolarios noctámbulos, mucho menos las movilizaciones sociales que poco o nada pesan al momento de las definiciones.

En tiempos del expresidente Adolfo López Mateos, en el sistema de partido hegemónico, la votación registrada en el Senado de la República para la aprobación de la nacionalización de la industria eléctrica fue por unanimidad, además de que tuvo el acompañamiento popular de organizaciones sociales como el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), la CROC, la CTM, la CROM, y demás grupos gremiales de entonces, organizaciones que hicieron un gran evento de respaldo al expresidente López Mateos en el zócalo capitalino, precisamente a los 3 años de su sexenio. Lo del mandatario fue, sin lugar a duda, un acto patriótico de un hombre de Estado, las organizaciones mostrando su formación política y disciplina.

Con independencia de lo que resulte y las estrategias de operación parlamentarias como llevar la maratónica sesión a altas horas de la madrugada para apostar por el cansancio humano, no dejará escapar la evidencia latente de falta de patriotismo, una definición de esta naturaleza entre legisladores connacionales no tendría cabida cuando el país y el futuro de generaciones está en juego. Jamás se entendería una dinámica para medir fuerzas políticas cuando la patria es primero.

En el muy probable escenario de no reunir la mayoría calificada con los diputados asistentes, la oposición tendría un triunfo pírrico, quedarán grabados en letras de estaño los traidores a la patria en la pared del horror de la Cámara de Diputados. Si la Cuarta Transformación se fortalece como comenzó en 2018, habrá oportunidad en el futuro próximo para volver a intentar tan anhelada reforma constitucional, no es el fin de la historia, es el principio de una serie de retos legislativos que podrían quedarse pendientes para consolidar la transformación, devolverle al pueblo, a la nación entera, su soberanía energética y cambiarle la historia a nuestros hijos y nietos.

No cabe duda de que más allá de las benditas redes sociales y los medios de comunicación, con sus manipulaciones informativas, está la realidad en la operación política, a la que le faltó tiempo y coyunturas. Vendrá la reforma para seguir fortaleciendo la riqueza mineral en nuestro país, para empezar, el litio, sin embargo, en la oferta y demanda se verá en el tiempo la necesidad de hacer más reformas y contrarreformas. 

Todo se circunscribe a la conciencia patriota que cada uno tiene al momento de la toma de decisiones, los que votaron en contra hipotecan al futuro cualquier narrativa o retórica en la que se empeñen en hablar a favor de México. Y a los operadores en la Cámara les quedó grande la yegua.

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