De Barrabás a Murillo

• Jesús Murillo Karam representa a la también otrora clase política del priismo residente de las Lomas.

Los evangelios de Mateo y Juan dicen que la liberación de Barrabás tuvo lugar en el marco de una costumbre: la de liberar a un preso por la Pascua Judía a petición del pueblo. Eso era símbolo de la benevolencia romana en sus provincias ocupadas.

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 Enorme coincidencia de tiempos procesales la liberación de la aún procesada Rosario Robles Berlanga, imputada de delitos que no merecen la prisión preventiva, según la legislación anterior a sus reformas, pero que por una suspicacia de interpretación surgió la duda judicial de una posibilidad de sustraerse de la acción de la justicia por una identificación apócrifa presentada en juicio, es decir, riesgo de fuga.  La reclasificación del delito solamente es facultad del que la señaló como indiciada. Hoy se encuentra todavía procesada, pero bajo una medida cautelar de prisión domiciliaria. 

 La otrora presidenta nacional del Partido de la Revolución Democrática estuvo más de 3 años pagando deudas políticas y judiciales, ambas todavía con acreedores.

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Jesús Murillo Karam, exgobernador de Hidalgo, representa a la también otrora clase política del priismo residente de las Lomas, aquel que durante décadas pudo acrecentar patrimonios propios de empresarios e industriales de abolengo que heredaron fortunas y que se hicieron de redes de contubernio y necesaria confabulación con diversos entes de poder fáctico e institucional. 

Relaciones públicas entre miembros de diversas instancias de gobierno, pero también con directores de cárteles de las drogas. De una y otra forma, con un grado u otro de participación, al fin involucrados. 

La desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, es un abominable desliz que evidenció esa hipótesis que ahora tiene a Jesús Murillo Karam durmiendo en un Centro de Reinserción Social. 

 Se inicia un episodio más de la siniestra historia de la complicidad mortal y delincuencial entre entidades municipales, estatales y federales con el crimen organizado de Guerrero de aquella época. Una terrible noche que comenzó no en Ayotzinapa, pasa por Allende, en Coahuila, las muertas de Juárez, los bebés de la guardería ABC, y tantas historias de una memoria que no podemos olvidar y que quisiéramos que jamás hubieran ocurrido. 

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 La responsabilidad jerárquica de las imputaciones que vendrán serán parte de una historia judicial y política de nuestro país nunca antes vista, pero que es un parteaguas de lo que puede ocurrir en todos los gobiernos locales, donde estos capítulos han sido apadrinados por la funesta impunidad, esa que es tan cercana al encubrimiento y a la prepotencia que tanto daño han hecho a nuestro amado México. 

 Ayotzinapa es el legado, como ícono, de los gobiernos de Fox, Calderón y Peña, aquí se tendrá que acreditar el desdén de las acciones y omisiones que las administraciones en turno sembraron con estos tristísimos resultados. Más allá de la responsabilidad penal que ocurra, son muertos que nos dolerán a todos los mexicanos y que deberán ser el constante recordatorio de no repetición. 

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