Capitalizar el obradorismo

El discurso utilizado en las campañas políticoelectorales del año pasado para las 15 gubernaturas que se disputaron, así como en las 6 de este año, se enfocó en resaltar el rezago de las administraciones públicas estatales y las promesas que los gobernantes de los ...

El discurso utilizado en las campañas político-electorales del año pasado para las 15 gubernaturas que se disputaron, así como en las 6 de este año, se enfocó en resaltar el rezago de las administraciones públicas estatales y las promesas que los gobernantes de los regímenes del PRI y del PAN no cumplieron, y que incluso la situación en dichas entidades empeoró. Con ello se identificó el electorado, viendo en la opción de Morena la posibilidad de revertir décadas de infortunios, frustraciones y tragedias. 

 La inseguridad que se ha venido construyendo al pasar de cuando menos cuatro décadas es un hecho que tiene que ver con las políticas públicas en materia social, de salud y educativas completamente abandonadas, torpezas que se cobraron en las urnas. 

 También la presencia de cuadros políticos y protagonistas de antaño que no encienden no prosperan en sus mensajes y mucho menos emocionaron al electorado, gran parte de ello las derrotas en algunas gubernaturas y nueve alcaldías de la CDMX. El abandono absoluto de la operación política, el denominador común, pero sobre todo el exceso de confianza y sin duda lo peor: la falta de liderazgo. 

 Los contundentes triunfos en las gubernaturas siguen siendo gracias a la enorme influencia que tiene la figura presidencial, pero, más allá del Presidente, lo que significa el obradorismo es lo que impulsa a la gente a votar por Morena, esto aunado a la coalición con los partidos políticos locales, las organizaciones sociales vivas, las universidades, son ellos quienes realmente tienen la estructura en el territorio, listos para ser congregados e inspirados con la marca Morena. 

 Aunque para algunos la efervescencia de la sucesión presidencial es lejana, pareciera que nos encontráramos en una recta final a toda velocidad, cuando en realidad es una pasarela de definiciones y de compromisos políticos que ya comienzan a escenificarse como parto, incipientes inclinaciones para uno y otro de los tres principales personajes que podrían suceder al presidente Andrés Manuel López Obrador. 

 En nuestra experiencia en todo el territorio nacional, la gente se identifica con quien tenga el mayor arraigo, identidad originaria y afectos del presidente Andrés Manuel López Obrador, no en una masiva campaña fotográfica que están exhibiendo, sacadas y añejadas para aparentar o ser las que identifiquen mayor antigüedad en el movimiento. Eso no es un factor. 

 La realidad es que el acento, la idiosincrasia y la visión de un político sensible y que ha acompañado al obradorismo desde su primera infancia, recaen todos en la figura de Adán Augusto López Hernández, hoy principal responsable de la política interior del país, además de ser el hombre de la más alta cercanía y confianza del Presidente, entendamos el mensaje, ES SU PAISANO, esta no es una distinción simplona, es una enorme referencia que garantiza la continuidad no solamente al 2024, sino al 2030 y sucesivos sexenios. 

Su elocuencia natural e inteligencia, pero al mismo tiempo la seriedad y madurez política, hacen la coincidencia perfecta más allá del discurso que usaron algunos en campañas políticas. Lo de Adán Augusto es lo más cercano a la realidad, en otras palabras, es un clon vigorizado de la doctrina obradorista que escenifica lo que muchos dicen: “un López x otro López”. Qué mejores manos, de confianza y de seguridad, para entregar ese enorme legado de décadas de lucha que en las de uno de los constructores del obradorismo, que conocen y saben cómo y qué debe hacerse para la posteridad en el ejercicio del poder de una Cuarta Transformación en el 2024. 

 El obradorismo es la filosofía ideológica que nutre a la Cuarta Transformación, y Adán Augusto López Hernández puede conformar y liderar en el 2024 a un gobierno que dé continuidad al proyecto añorado de transformación para nuestro país; él puede integrar a todos los liderazgos del movimiento sin fracturas, sin divisiones y sin traiciones. 

Eso hoy nadie lo podría lograr por sus propias características. 

El obradorismo no se puede comparar con un simple sexenio por los apellidos del gobernante en turno, este tiene la trascendencia de una gran escuela política, perdurable para evitar el regreso de los conservadores, sin dejar espacio alguno. 

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