Badiraguato, el estigma social
El municipio de Badiraguato se ubica a 82.2 kilómetros de Culiacán, al suroeste del estado de Sinaloa, tiene una población de 26,542 habitantes, siendo 48.5% mujeres y 51.5% hombres. Según datos del Inegi, la población menor a 29 años abarca el 50% de los habitantes ...
El municipio de Badiraguato se ubica a 82.2 kilómetros de Culiacán, al suroeste del estado de Sinaloa, tiene una población de 26,542 habitantes, siendo 48.5% mujeres y 51.5% hombres. Según datos del Inegi, la población menor a 29 años abarca el 50% de los habitantes del municipio; el 46.4% cuenta con educación primaria, el 27.6% con secundaria, el 18.2% con preparatoria, sólo el 5.91% con universidad y el 0.12% tiene maestría, se tienen que trasladar a la capital para estudiar. Como sucede en el 95% de los municipios del país entre la educación media superior.
Badiraguato, así como los municipios estigmatizados del país, vive en una constante lucha para tener preponderancia y ser visibles por el valor de su gente y por los recursos naturales con los que cuentan, tienen un estigma histórico por ser el lugar de nacimiento de los narcotraficantes afamados a nivel internacional.
Esta marca social acompaña a diversas regiones del país en las que la coincidencia estadística ha marcado su historia, es decir, desde hace más de tres décadas mantienen los índices de marginación más altos del país, el acceso a la educación, a los servicios de salud, a la seguridad social, a la justicia y al desarrollo en general, se encuentran en las tasas más significativas comparadas con algunas regiones del África Subsahariana, producto de la ausencia de políticas de desarrollo que los destinaron a la pobreza desde hace más de 40 años.
Aunque no en todos los casos se les identifica como zona de narcotráfico, pero sí de estigmatización y pobreza, se encuentran los municipios de Hidalgo, Mainero y Villagrán, en Tamaulipas; La Huacana, Zicuirán, Tepalcatepec, Nueva Italia o Apatzingán, en Michoacán; en Guerrero, la región de la Montaña y la Tierra Caliente con municipios como Ciudad Altamirano, Arcelia, Tlapehuala, Coyuca de Catalán y Ajuchitlán.
He tenido la fortuna de conocer cada uno de estos municipios y de saber del valioso capital humano con que cuentan. También fui testigo del dolor, la frustración de las historias de vida azotadas por la violencia, pero, sobre todas las cosas, el anhelo y la absoluta esperanza de que su vida diaria puede cambiar. Una de las enormes coincidencias que sus pobladores me externaron es que ningún gobierno, ni local y mucho menos federal, había acudido para verificar su existencia y la problemática latente, hasta la llegada de este gobierno de la Cuarta Transformación.
Dichos municipios son cuna también de artistas, académicos, profesionistas, campesinos, rectores de universidades y gobernadores, es también un gran ejemplo de que las oportunidades deben acercarse a la población entera, a sus poblaciones, en sus territorios, para cambiar la realidad de la comunidad entera.
Las empresas, los promotores artísticos y culturales, la sociedad en su conjunto, pueden y deben participar para cambiar la historia reciente de estas comunidades, para atraer inversión, turismo, dinamismo económico, conocer su gastronomía, y darle la oportunidad a estas regiones y a su valiosa gente de ser observadas como pueblos trabajadores que han aportado a la sociedad importante capital humano para el desarrollo de la nación.
No me sorprende que el anterior gobierno de Michoacán y el actual de Tamaulipas son los principales estigmatizadores sobre su propio pueblo, los usaron electoralmente y, como si fuera un producto desechable, no solamente los ignoran del desarrollo estatal, sino que ahora se persigue penalmente a alcaldes, a liderazgos sociales y a todo aquel que piense diferente o que afecte sus intereses gubernamentales. Una característica del prototipo de un gobierno autoritario. En Tamaulipas, los últimos tres gobernadores están en prisión. Han seguido las mismas prácticas en los últimos 20 años, es un ejemplo de cuando ya no se distingue entre el crimen organizado y gobierno.
El pasado viernes 20 de mayo, nuestro amigo, el exitoso futbolista Joel El Tiburón Sánchez, visitó Badiraguato para recibir de manos de la presidencia municipal, en sesión de cabildo, su nombramiento como embajador deportivo. Aprovechó para visitar planteles escolares de educación preescolar, básica, media y media superior, para convivir con estudiantes y profesores; desarrollará un programa de construcción de tejido social desde el deporte. Badiraguato se convierte en punta de lanza de programas donde participan íconos de diversos ramos de la vida nacional, iniciamos con el deporte, posteriormente serán artistas plásticos, actores, pintores, escultores y líderes sociales.
Con independencia de las actividades que se desarrollan para la cultura de la paz de parte del gobierno federal, la sociedad en su conjunto debemos ser fraternos, solidarios con nuestros compatriotas, sin que nadie se ruborice ni se sorprenda de la realidad nacional.
