70 años CDMX

La sociedad civil tomó un papel impostergable en la lucha democrática de la ciudad.

Hasta antes de la democratización de la CDMX, fueron 70 años en los que desde el regente hasta el jefe de Gobierno fue designado por el Presidente de la República.

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fue quien rompió, así como ahora, cuando menos 10 gobernadores en este sexenio dejaron para la historia la hegemonía de lo que fue el PRI-gobierno en por lo menos la mitad del país.

No es sólo acabar con un régimen, sino sepultar la posibilidad electoral de que ese partido, anteriormente imbatible, imparable y hegemónico, representara la fuerza municipal, estatal y federal de sus simpatizantes electores. Era prácticamente imposible de creer que algún día el PRI estuviera reducido a ser el aliado de otros dos históricamente adversarios políticos de calificación microscópica, para sumar adeptos en una lógica ideológica que hoy nadie puede explicar, el agua y el aceite resueltos en una unidad, muerta por la ideología, pero unida por el poder.

Nuestra gran Ciudad de México en 1996 definió, a través de la reforma electoral, democratizarse para elegir a su mandatario, fue también el principio del fin de la concesión política por designación de los regentes por la vía del voto, dejando por ello la obligación de hacer lo propio en el resto de alcaldías y en sus órganos democráticos.

La sociedad civil tomó un papel impostergable en la lucha democrática de la ciudad; se eliminaron los funestos privilegios, la hoy Ciudad de México dejó de ser la caja chica formalizada del gobierno federal y sus proyectos políticos.

En ese contexto, los aspirantes a la Jefatura de Gobierno parecían tener un pasaporte directo a la Presidencia de la República, pero en realidad sólo fue el presidente Andrés Manuel López Obrador el único en lograrlo prácticamente 20 años después. Claudia Sheinbaum logró renovar esa leyenda urbana, no sólo confirmó el mito de ser la posición política más importante del país para lograr dicho cargo, sino que prácticamente comenzó campaña desde el primer día de su mandato y hoy es la coordinadora nacional de la Defensa de la Transformación.

Pero la CDMX tiene un boquete en la línea de flotación, la victoria electoral de 9 alcaldías en el 2021 por parte de la oposición hará que quien gobierne en la Ciudad de México en 2024, un sesgo de control hegemónico y de logro de políticas públicas sumamente complejo en caso de no recuperarlas en la misma fecha de los comicios, de ahí reviste la importancia de tener una nueva oferta electoral que no repita la fórmula del 2021, porque hoy es claro y evidente que, a pesar de ser un ícono de derechos y libertades, las banderas políticas nos fueron arrebatadas a la izquierda.

Los errores del pasado inmediato no se resuelven ensimismándose en la retórica ideológica del discurso triunfalista que se asentó en el 2021, sino en la operación política en los territorios olvidados y arrogantemente denostados, claro que la propuesta ideológica logró mantener el poder durante muchos años, pero la operación política se ausentó, y esa es la realidad, aunque pensadores, filósofos, ideólogos, fundadores y partidarios legítimos de los gobiernos de izquierda de la ciudad con justa razón reclamen ese triunfo, hoy hay 9 alcaldías en poder de la oposición, y no sólo con discursos o campañas mediáticas se recuperará la atención inmediata de la gente y la erradicación de la problemática que ha generado pobreza, desigualdad e inequidad en la población.

Los derechos constitucionales en la CDMX tienen al mayor número de beneficiarios, ésa es la lógica de los triunfalistas, pero son ya derechos; si se anhela el triunfo de la ciudad, refrescar la oferta política es la solución, los viejos actores ya demostraron que requieren renovarse.

Temas: