Una guerra muy americana
Trump ha estado buscando con quién o qué país pudiera lanzar una guerra “caliente”

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
La Presidencia de Donald Trump está convirtiendo el enfrentamiento económico en un arma esencial de su arsenal de guerra. Desde que llegó a la Presidencia de su país, Trump ha estado buscando con quién o qué país pudiera lanzar una guerra “caliente”. Es decir, con el envío de tropas y lanzar más que misiles.
Lo probó atacando a Somalia en la primera semana de su administración. Murieron atacantes estadunidenses, además de civiles somalíes, en una acción carente de adecuada y suficiente inteligencia y planificación. Pero su idea era demostrarle al mundo que un nuevo jefe de Estado estaba al mando de las fuerzas armadas estadunidenses.
Dos veces ha atacado puntos estratégicos dentro de Siria con misiles como si estuviera probando su hombría. Sus declaraciones a posteriori demuestran ello: habló de los eventos como si él personalmente hubiera participado en los ataques. Además, siempre contrastaba lo que los ataques reflejaban del estilo Trump para resolver y dirimir conflictos mundiales con el supuesto estilo timorato y dubitativo de Barack Obama.
Con Corea del Norte, la cosa llegó al punto de que Trump hablaba del arsenal nuclear de Estados Unidos como si fuera su ejército personal y privado, dispuesto a destruir países enteros, o aniquilar la península coreana, simplemente porque un dirigente de otra nación lo desafió. Durante algunos días aciagos la posibilidad de un enfrentamiento nuclear parecía ser absolutamente real, con la retórica emitida entre Trump y Kim Jong-Un sonando como si fueran dos niños en una guardería activa inmersos en sus respectivos mundos egoístas. Su posterior diálogo en Singapur ayudó sólo un poco para calmar los nervios mundiales ante semejante espectro.
Ahora, la economía es el nuevo instrumento de guerra estadunidense, lo que pudiera derivar, eventualmente, en guerras calientes. Trump declaró, unas horas antes de su encuentro con Vladimir Putin en Helsinki, que el gran enemigo de Estados Unidos es, imagínense, la Unión Europea, y no tanto ni Rusia ni China. Textualmente dijo Trump: “La Unión Europea es un enemigo de Estados Unidos… Rusia es un enemigo en ciertos aspectos y China es un enemigo económicamente”. Agregó Trump que sus padres nacieron en “sectores” de la Unión Europea y que le encantan esos países, pero que en un sentido comercial “realmente se han aprovechado de nosotros, y muchos de esos países están en la OTAN…”.
El aliado histórico de Estados Unidos, las democracias li-berales de Europa, ahora se encuentran en la lista de enemigos, mientras Rusia y China, dos países con regímenes políticos autoritarios y con escasa tradición democrática, son casi exonerados por Trump, considerándolos buenos, aunque difíciles, socios.
Es el mundo al revés. Indudablemente Trump está pensando en las próximas elecciones legislativas en su país y quiere movilizar a su base social a favor de su partido y en contra de los demócratas. Por tanto, ha decidido crear tantos enemigos externos como sea posible, y eso incluye a aliados tradicionales, como la Unión Europea, para demostrarle a su base social que está volteando el mundo al revés con su audaz y disruptiva Presidencia.
Otro enemigo puede fácilmente resultar ser México.
Los recientes guiños de Trump hacia el nuevo gobierno mexicano no deben confundirnos. Dialogan hasta donde les es útil. Cuando deja de serles útil, atacarán por el tema migratorio y el muro, por el envío de heroína a su país o por la negociación del TLCAN.
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