Tercer Informe ignoró política exterior

Sí mencionó el T-MEC, pero visto desde el ángulo de la economía interior.

Un aspecto crucial que ignoró en su Tercer Informe el presidente López Obrador fue la política exterior de su gobierno. En sentido estricto, no abordó ni explicó importantes decisiones de política exterior de su gobierno. Sí mencionó el T-MEC, pero visto desde el ángulo de la economía interior. También habló de los problemas de los migrantes en la frontera sur, pero para reprobar la conducta de los agentes de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración ante el flujo desordenado de seres humanos ingresando al país. Mencionó las remesas enviadas por paisanos a sus familias como un logro de su gobierno, lo cual es, estrictamente hablando, falso. Es un logro de los mismos paisanos y de nadie más.

El contexto de México en el mundo parte de nuestra interrelación económica y social con Estados Unidos. Esa relación económica es producto de nuestra pertenencia al T-MEC y el sistema regulatorio y de obligaciones trilaterales que el tratado nos impone, que es sobredeterminante para el desarrollo y desempeño de nuestra economía y el sistema administrativo y jurídico que lo acompaña. En lo social, millones de paisanos viven en aquel país, mientras acá sus familias sobreviven gracias a las remesas que envían esos trabajadores. Siendo así las cosas, es de perogrullo afirmar que la relación de México con Estados Unidos es estratégica, económica y políticamente. No es una relación fácil ni necesariamente nítida. Pero es absolutamente vital para nuestro país.

De ahí que cuando surgen conflictos graves es menester que el gobierno mexicano dé su punto de vista de los hechos, explique sus dichos y ofrezca perspectivas sobre posibles futuras acciones. Hoy, México tiene múltiples frentes de conflicto abiertos con Estados Unidos y el Presidente no se ha dignado en dar explicaciones de la situación. Maneja la relación en total secrecía.

El conflicto económico bilateral es notorio. El gobierno mexicano está incumpliendo con lo estipulado en el T-MEC en lo referente al “piso parejo” para las inversiones, la apertura de sectores económicos, como el energético, a inversiones de los tres países y en cuanto a la confiabilidad del Estado de derecho. En materia de seguridad, las acusaciones de que el gobierno de México se ha asociado políticamente al crimen organizado provoca alertas graves en los sistemas de inteligencia y seguridad, a nivel mundial, incluso por asuntos de terrorismo. Y el tema migratorio, en tanto problema regional, ha significado acuerdos entre Washington y México que se desconocen, pero que existen, según revela el libro reciente de López Obrador.

López Obrador acusó a Washington de intentar un “golpe” contra su gobierno cuando vino Kamala Harris. Luego acusó que Washington trata a México como “lacayo” y, por tanto, concluyó, debe desaparecer la Organización de Estados Americanos (OEA) y convocó a los países latinoamericanos a crear un instrumento colectivo propio, excluyendo a Washington y Ottawa, tipo Celac, que ya existe. Su convocatoria recibió el aplauso únicamente de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba, mientras Argentina mantuvo silencio, Colombia rechazó la propuesta y Brasil, ausente, expresó su desacuerdo. O sea, arremetió contra nuestro principal socio económico y político sin contar siquiera con el consenso de América Latina, como si fuera ahí donde orientaría la economía nacional. También como si existiera un país latinoamericano al cual pudieran acudir los mexicanos radicados en Estados Unidos.

¿Cuál es la estrategia alternativa del gobierno mexicano, recurriendo a este mensaje “ofendido” que desafía abiertamente a Biden y a Estados Unidos? ¿En qué va a beneficiar a los millones de paisanos que han construido patrimonios en ese país? Junto con esto, ¿cuál es el propósito de entorpecer las relaciones con España, país con el que México goza de relaciones históricas, económicas, culturales y lingüísticas profundas? ¿Cuál es la estrategia de largo plazo en la política exterior al afectar, en los peores términos, las relaciones con países con los que México mantiene lazos estratégicos desde hace siglos? ¿En qué beneficia a nuestro país este ambiente de crispación, cuando se carece de una estrategia inteligente de largo plazo, excepto torpedear lo realmente existente, como ruta claramente suicida?

De todo esto no habló el Presidente en su Tercer Informe. ¿Por qué será?

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