The New York Times y el ministro

El artículo concluye con un tono pesimista.

En su versión impresa del domingo 3 de noviembre, el New York Times publicó un artículo y entrevista con el ministro Juan Luis González Alcántara sobre su propuesta de anulación de partes de la reforma judicial aprobada en el Congreso de la Unión por la sobrerrepresentada mayoría de Morena.

El periódico neoyorquino sugiere que la propuesta del ministro González Alcántara es un último intento por encontrar un terreno intermedio entre la propuesta aprobada por Morena y quienes consideran que, con lo propuesto, el Poder Judicial pierde toda su independencia y autonomía de acción y decisión. La propuesta conservará un cierto grado de independencia del Poder Judicial, al sujetar los contendientes a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y algunos otros altos cargos a voto popular, pero la mayoría de los jueces y ministros de otros niveles seguirán siendo nombrados por el sistema de ascensos por la calificación profesional de conocimientos y méritos, como ocurre en la actualidad.

El New York Times agrega, en su artículo, que la propuesta enfrenta un ambiente político agreste en México, donde el oficialismo equipara cualquier cambio con una rendición. Gobierna a México una izquierda ultranacionalista que cree en el “todo o nada”.

“Extiendo la mano, abriendo la posibilidad de una negociación para reflexionar, una invitación a sopesar cuidadosamente la situación”, dijo el ministro. Evidentemente, la del ministro es una voz pausada y responsable que busca soluciones positivas, dentro de la abrumadora vorágine de declaraciones políticas punzantes que desoyen cualquier llamado al diálogo.

Fue contundente la ideologización ciega del debate cuando la propia Presidenta comentó, con sorna y burla, sobre la renuncia de ocho ministros porque, según dijo, “quieren retirarse con un montón de dinero”. Un análisis y comentario propio de infantilismo político, no de una persona que pretende ser líder querido y respetado de un país. Y es un comentario de poca monta ante el espectro de una crisis constitucional. Además, ignora u olvida que la renuncia fue una norma impuesta por la reforma constitucional que aprobó su partido.

El artículo del New York Times encuentra paralelismos sorprendentes entre la reforma judicial y la llamada supremacía constitucional de México con las reformas al sistema constitucional de Hungría que promovió Viktor Orbán, su primer ministro. En su país, Orbán promovió una reforma constitucional que también impide que el Poder Judicial pueda revisar la constitucionalidad de reformas aprobadas por el parlamento húngaro. Exactamente lo que acaba de aprobar la mayoría morenista en el Congreso mexicano.

El paralelismo entre las pretensiones autoritarias de los supuestos izquierdistas progresistas mexicanos y los derechistas extremos húngaros no pasa inadvertido. Hay que recordar que Trump considera a Orbán como su alma gemela. ¿Serán Sheinbaum y AMLO también almas gemelas de Trump y Orbán? Es en la gestión del poder donde los extremos se encuentran, se tocan, se acarician y se reconocen como iguales.

Por cierto, Orbán es un aliado declarado de Putin en la invasión rusa a Ucrania, mientras que México ha sido, en el mejor de los casos, “neutral” ante esa ilegal e ilegítima guerra. Y, como se sabe, ser neutral en un conflicto así es avalar al agresor.

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El artículo concluye con un tono pesimista, como ha ocurrido con todos sus artículos recientes sobre México. Considera como razonable y factible la propuesta del ministro González Alcántara como una salida a una crisis constitucional que se avizora. Pero estima que la Presidenta será incapaz de encontrar en ella una salida favorable, debido a su dependencia política total de AMLO, quien exige la implementación completa y sin regateos de su reforma judicial.

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