Morena es un riesgo de seguridad nacional

La tarea hoy es limpiar la política de la mafia enquistada en el poder

Es inverosímil la cantidad de listas filtradas de morenistas que Washington, supuestamente, exige sean entregados a la justicia estadunidense. Los números de “extraditables” de cada lista varían de dos a 50. ¿Son listas de criminales o de héroes en la lucha por la patria justa? Se han escuchado ambas versiones. 

Uno de los supuestos extraditables afirmó que “es un honor estar con Obrador”. ¿Dirá lo mismo estando en una cárcel estadunidense, condenado a años de reclusión por cómplice del narcotráfico? ¿Está consciente López Obrador de la mala obra que le ha hecho a México con su ambición de llegar al poder al costo que sea? Porque ahí es donde empezó la terrible peregrinación que enfrenta México hoy. Todo empezó por el pacto con el narcotráfico, que le permitió contar con su apoyo social, político y económico para llegar al poder por la vía electoral.

De este acuerdo surge la consigna falsamente humanista de “abrazos, no balazos”. La intención de fondo del pacto era legitimar la acción y presencia del narcotráfico en regiones enteras del país y de permitir que continuaran con sus negocios sin obstáculos. A cambio, Morena recibió algo casi mágico: podía ganar elecciones en todo el país, a nivel federal, estatal y municipal con ese “apoyo” invisiblemente criminal. Parecía ser como maná caído del cielo. La lucha revolucionaria rinde, habrán pensado.

Pero la alianza de Morena con el narcotráfico no fue un fenómeno limitado a la elección presidencial. No. Todas las estructuras y las candidaturas del partido le entraron, con fervor renovado y gusto, a la nueva licencia política otorgada por el líder máximo. La relación de los morenistas con el narcotráfico se dio en todos los niveles de la sociedad. Y como todo pacto criminal de esa naturaleza, es indecible e inconfesable. También era necesario guiarse por las reglas no escritas de cualquier mafia: silencio total, discreción completa, lealtad absoluta, incuestionable impunidad y cualquier traición se paga con la vida.

Ese acuerdo para ganar la elección presidencial en 2018 inevitablemente convirtió a Morena en una agrupación mafiosa, no unida por una plataforma ideológica ni una plataforma electoral, las cuales, de existir, serían una simple pantalla. El verdadero motor de la unidad interna es la complicidad que une a dirigentes en la corrupción, el voto mal habido y el dinero de orígenes ilegales. Y la determinación de que, para no ser descubiertos en su asociación mafiosa, consideraron indispensable nunca perder el control sobre el gobierno y el Estado.

Para no perder el poder y conservar la estructura mafiosa que los une, López Obrador y Sheinbaum acordaron la necesidad de destruir todas las instancias del Estado que pudieran facilitar o permitir la pérdida del poder por parte de Morena. Por tanto, era necesario corromper las elecciones, tomar por asalto el Congreso nacional, destruir todas las huellas administrativas y regulatorias de su corrupción y corromper a las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial.

Hecha la obra para impedir la alternancia y habiendo avanzado en el aniquilamiento de la oposición, ahora miran a sus lados y alrededores y pueden constatar el resultado de sus acciones. Lo que han creado es una obra política que puede resumirse de la siguiente manera: México, gobernado por Morena, es un riesgo de seguridad nacional para sí mismo y para todos los países colindantes. Se ha convertido en un foco de infección en la región de América del Norte y en toda la cuenca del Caribe. 

Anida las peores prácticas antidemocráticas y fomenta el descontento, tanto interno como regional. Además, México está en un proceso de aislamiento y ensimismamiento que aleja a propios y extraños, mientras la economía se estanca y la pobreza per cápita de los ciudadanos disminuye.

Las listas de los extraditables son la metáfora perfecta de lo bajo que ha caído México. Sean o no extraditados, pocos o muchos, lo cierto es que la tarea central de la sociedad mexicana hoy es limpiar la política de la mafia criminal enquistada en el poder y construir instituciones democráticas, creíbles, confiables y capaces de defender a la República de las influencias malignas que han impedido el desarrollo de una sociedad democrática, dialogante y próspera, en libertad.

 

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