Evo Morales: guía y maestro de AMLO

La importancia de esta cofradía de expresidentes necios es que ambos afirman ser jubilados, pero actúan como políticos en activo

Tanto Andrés Manuel López Obrador, en México, y Evo Morales, en Bolivia, son expresidentes “en activo”. Evo Morales ha lanzado a sus simpatizantes a tratar de tomar La Paz, capital de Bolivia, y cuarteles militares, enfrentado a Luis Arce, el actual presidente boliviano y exsubordinado suyo. López Obrador, por su parte, está activamente empujando líneas legislativas para sus legisladores en el Congreso nacional, provocando, queriendo o no, el debilitamiento político de su sucesora y exsubordinada Claudia Sheinbaum.

La importancia de esta cofradía de expresidentes necios es que ambos afirman ser jubilados, pero actúan como políticos en activo. Al salir del poder, ambos juraron que irían a sus “ranchos”. López Obrador lo dijo varias veces así, y luego matizó: “Regresaré sólo si la Presidenta me pide mi opinión o si veo que hay desviaciones de la ruta correcta”. Eso último debe ser tomado como una amenaza o advertencia de López a su sucesora. Y vaya que le ha corregido la plana varias veces, y lleva menos de un mes fuera del puesto. Tanto Evo como AMLO representan y son el problema número uno de sus respectivos sucesores. La frase de Evo Morales es memorable: “Yo dije alguna vez que acabo mis años de gestión con mi cato de coca, mi quinceañera y mi charango”. Lo de “la quinceañera” ha quedado como sello quemado en la frente. La justicia boliviana lo persigue por estupro, pederastía, abuso sexual y violación. Evo dice que es persecución política. Pero ahí está su frase de “la quinceañera” y varios embarazos adjudicados a su actividad sexual mientras ejercía como presidente de la República. Evo es un ejemplo de cómo el poder sirve como afrodisiaco. En México tenemos muchos ejemplos de lo mismo (los vuelos del amor, etcétera). Por lo pronto, Evo es un pedófilo confeso cuyas ideas iluminan y educan a AMLO.

Evo Morales justificó que sus seguidores tomaran un cuartel militar para apoderarse de sus armas pues, según dijo, necesitaba que el pueblo lo protegiera.

AMLO siempre proclamó que el pueblo lo protegía. Al inicio de su mandato ordenó eliminar toda la seguridad de los expresidentes, alegando que si el pueblo lo agredía, era por culpa de su mala gestión presidencial. Y argumentaba razones de austeridad y frugalidad en su gestión para justificar la decisión. Sin embargo, él mismo reconoció que gastó más de 2 mil millones de pesos del presupuesto público para arreglar la zona alrededor de su rancho en Palenque, incluyendo un hospital de primer mundo para su atención y un cuartel repleto de militares de elite para su protección y seguridad. Además, se hicieron parques y zonas de esparcimiento públicas, además de algún hotel para hospedar huéspedes distinguidos del expresidente. A cinco kilómetros de la puerta de su rancho hay una estación conveniente del Tren Maya (500 mil millones de pesos y contando).

Los expresidentes no tienen seguridad, a pesar de las amenazas en su contra, mientras AMLO tiene un cuartel militar personal.

Evo Morales fue el ideólogo de la elección por voto popular de jueces y magistrados, como la mejor manera de apoderarse del Poder Judicial. A pesar de que ha destruido el sistema de impartición de la justicia en Bolivia, habiéndolo transformado en ala de su partido el Movimiento Al Socialismo (MAS), Bolivia sigue con el modelo, ahora con confrontaciones políticas entre jueces, unos aliados de Evo y otros de Luis Arce, el actual presidente.

El ejemplo boliviano es lo que le espera al Poder Judicial mexicano: su fragmentación en islotes, unos controlados por Morena, otros, por los cárteles del narcotráfico y lo que va quedando como expresiones locales de intereses específicos. Anticipamos un México sin Estado de derecho.

Evo fue quien convenció a AMLO de la metodología para subyugar a los jueces al poder político. Evo como guía ideológico y maestro de AMLO. Y la izquierda sin el menor recato y carente de toda autocrítica.

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