Cuando la izquierda deja de serlo
La izquierda representada por Morena ha creado un poder militar que, en pocos años, el mismísimo partido gobernante no podrá controlar. Las Fuerzas Armadas controlan franjas cruciales de la economía y la política.
La premisa de mi comentario es que Morena, pregonando una identidad de izquierda, ha dejado de ser lo que dice ser. Para hablar de ese abandono, hay que hablar de historias y razones.
El EZLN existe en nombre, pero cuando un ejército depone sus armas deja de ser lo que proclama.
Los partidos guerrilleros en Oaxaca que plantean la toma del poder por las armas más bien se dedican a disputar entre sí el liderazgo de la Sección 22 de la CNTE. Los partidos marxistas, tanto comunistas, maoístas como trotskistas, que habitan el universo universitario contribuyen con ideas esparcidas en un desierto sin debate ni consecuencia.
Eso deja a Morena, PT y lo que queda del PRD en el escenario de izquierdas. El PT viene de un origen bicéfalo: maoísmo y PRI. Ese origen es suficiente para crear un Frankenstein convertido en una máquina de hacer las alianzas electorales necesarias para mantener su registro, mientras alaba la grandeza de Corea del Norte. Morena es, hoy, el símbolo de que la izquierda está asentada en el poder. El mundo entero reconoce al gobierno de Morena como uno de izquierda. Morena hace todo lo necesario para eternizarse en el poder, que es exactamente lo que se esperaría de un partido que rechaza el régimen “burgués” de elecciones libres, rendición de cuentas y libertad de expresión.
La izquierda representada por Morena ha creado un poder militar que, en pocos años, el mismísimo partido gobernante no podrá controlar. Las Fuerzas Armadas controlan franjas cruciales de la economía y la política. En la reciente sesión legislativa, Morena le entregó al Ejército el control sobre el espionaje y la recaudación de inteligencia en todo el país. Se borró la noción de una policía civil. Toda la seguridad, pública y nacional, está en manos de militares. García Harfuch corre el riesgo de caer en la irrelevancia.
La izquierda civilista ya desapareció en México, mientras PT y Morena, ignorantes de la historia, abren camino a un futuro de control militar sobre cualquier gobierno en México, cuando los militares se percatan de que no requieren contar con las frivolidades e ineficiencias de la falsa izquierda para gobernar.
Todo el discurso sobre derechos sociales será desechado por esta misma izquierda extravagante, ineficiente y notoriamente corrupta en aras de mantenerse en el poder, junto a los malhumorados militares, en alianza con el crimen organizado.
El mal hábito de usar el poder abusivamente apareció en el PRD histórico, cuando fusionó sin salvaguardas al PRI-Corriente Democrática con PMS, PMT y diversas corrientes en un partido basado más en liderazgos en vez de su programa. Más bien, el programa era el líder. ¿Es posible corregir ese error histórico de nacimiento para dar lugar a una izquierda fincada en principios y programa de izquierda? Se necesita mucha autocrítica y, luego, más trabajo político e intelectual. Se necesita un programa donde la izquierda le diga ¡no! a las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela como base para articular su rechazo al autoritarismo y al populismo. No de palabra, sino con hechos.
Una izquierda que rechaza totalmente la militarización que se promueve en México, separando la función de seguridad pública con civiles al mando y la seguridad nacional en las Fuerzas Armadas. También debe retomar el control civil de puertos, aeropuertos, ferrocarriles y aduanas, además de la obra civil pública.
Y todo esto implica establecer un régimen de rendición de cuentas y transparencia, reviviendo a los órganos autónomos. La democracia electoral también debe estar en manos de órganos autónomos e independientes, con presupuesto propio.
Un país con derechos para todos es uno donde el Estado de derecho es cosa firme y respetado por todos, empezando por las autoridades. La independencia absoluta y real entre los tres Poderes del Estado es esencial para la credibilidad del sistema democrático. Si existe la idea de que los Poderes están subordinados al Ejecutivo, como es el caso hoy con Morena, entonces no existe una visión de izquierda, sino de una amorfa e indefinida ideología de autoritarismo de Estado.
Ante la adversidad, es posible reconstruir en México un proyecto de izquierda civilista, social, democrática y eficiente. Es cosa de poner manos a la obra.
