La difícil tarea mexicana
Veremos acciones agresivas en los próximos meses y años por parte de Washington.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
La incertidumbre se apodera de México. No es solamente por la aparición de Trump, aunque ese hecho pudiera ser determinante en varios aspectos e introduce la posibilidad de contorsiones en el proceso político y económico inesperados. Para prueba, dos ejemplos.
Las presiones que el Presidente electo aplicó sobre las empresas Ford y Carrier para que no siguieran adelante con sus planes de instalar una parte de sus procesos productivos en Guanajuato y Nuevo León prueba su intención de aplicar políticas de shock para frenar más inversiones en México. Para lograr lo anterior, ofreció exenciones fiscales a ambas empresas, en medio de acusaciones, incluso de miembros de su propio partido, de estar promoviendo una nueva etapa de “capitalismo de cuates”. Amenaza a empresas con planes exportadores que les aplicará un impuesto del 35%.
Una acción sorpresiva ha sido la llamada telefónica de Trump a la Presidente de Taiwán, hecho que rompe con la tradición diplomática estadunidense de tratar únicamente con el gobierno en Pekín, respetando la política de “una sola China”. Obviamente la protesta de China no se hizo esperar. Y es previsible un aumento de tensión en mares asiáticos, incrementándose las maniobras militares chinos, continuando su política de establecimiento de nuevas bases militares en esa zona. Todo esto demuestra que veremos acciones agresivas en los próximos meses y años por parte de Washington. La volatilidad de peso, el incremento de las tasas de interés, la baja en la previsión del PIB para 2017, el incremento en la inflación, las repentinas fugas de capitales que se tienen que cubrir con las reservas internacionales, el crecimiento del endeudamiento público, la dificultad para cubrir el servicio de la deuda, la baja persistente del precio del petróleo, los cuestionamientos internacionales a las políticas fiscales del gobierno son factores que generan una gran incertidumbre acerca del futuro económico de la nación.
Junto con estos indicadores económicos, están los hechos políticos que refuerzan las dificultades que el país enfrenta para salir de su crisis. La corrupción no se ha atacado en el sexenio. Al contrario, ha crecido en todos los niveles de la función pública. La falta de credibilidad del gobierno federal nacional- e internacionalmente se refleja en el hecho de que el Presidente goza de una popularidad del 23%, la más baja en la historia desde que se mide el dato. Al descrédito del ex secretario de Hacienda Videgaray por el excesivo endeudamiento público que fomentó, ahora se agrega conflictos entre su sustituto Meade con el saliente gobernador del Banco de México Carstens en torno a la narrativa que debe emplearse para explicar la situación del país. Quizá no vean fenómenos distintos, pero la explicación que da cada quien sí difiere. El optimismo de Meade contrasta con la preocupación de Carstens . Al anunciar su renuncia a Banxico, Carstens sí introdujo un elemento de incertidumbre en el futuro económico, pues, siguiendo su costumbre, es previsible que Peña quiera poner a un incondicional como reemplazo, rompiendo con la autonomía que necesariamente debe tener el gobernador del banco para cumplir a cabalidad su función de garante de la estabilidad macroeconómica del país y no ser un mero peón de los intereses presidenciales.
La difícil tarea del país es reconstruirse sobre bases nuevas, diversificando alianzas económicas, extirpando la corrupción y creando un nuevo pacto social gobernante.