Rusia e Irán

Ante una agenda movida durante el pasado fin de semana en Islamabad y Mascate, el canciller de Irán, Abbas Araqchi, decidió emprender una visita relámpago a San Petersburgo, Rusia, para reunirse con el mandatario ruso, Vladimir Putin.  

El encuentro entre las delegaciones iraníes y rusas en la ciudad fundada por Pedro el Grande fue, a mi consideración, más un acto diplomático o de dar una palmadita, que algo que realmente  pueda ayudar a Irán en su guerra con Estados Unidos.

Putin ofreció su apoyo a Irán haciéndole saber que hará todo lo que está en sus manos para servir a los intereses de su aliado estratégico y para que se llegue a la paz de la manera más rápida posible en Oriente Medio. Asimismo, Putin le hizo saber a Araqchi que Irán podría pasar por momentos complicados debido al periodo de guerra por el que está pasando. Fuera de las palabras bonitas y las fotos, no sucedió otra cosa espectacular. Rusia, ciertamente, ha tratado de ser cuidadosa en lo que hace por Irán. No se excede, pero tampoco deja de estar presente. Entiende que la administración Trump observa con detenimiento sus movimientos con Teherán.  Sin embargo, no se ha detenido en apoyar con inteligencia militar a su aliado para atacar objetivos estadunidenses en la zona del Golfo.

Rusia sabe que no puede dejar sola a Irán. El régimen de Teherán ha ayudado a Moscú con la producción de drones shahed, transferencia de misiles y armamento durante la guerra en Ucrania. Si bien no existe una cláusula en el acuerdo de cooperación estratégica firmado el año pasado entre ambos países sobre una ayuda militar directa en caso de agresión extranjera  o conflicto militar, sí se cuenta con cooperación militar y transferencia de armamento. Por ende, Moscú debe hacer acto de presencia sí o sí con su socio estratégico. Tanto así, que se pactó una reunión entre presidente y canciller, cuando normalmente tendría que ser canciller con canciller. Pocas veces, Putin se reúne con un canciller u otra figura gubernamental, a menos que sea de un país muy importante o completamente cercano a Rusia.

Frente a esto, el canciller Abbas Araqchi se fue de Rusia con un cálido apretón de manos  y una idea sobre el hecho de que Moscú seguirá apoyando a Teherán en un papel importante, pero también que huele a ser limitado.

Ahora, al volver a suelo iraní, Araqchi enfrenta junto con el régimen de su país la amenaza de un bloqueo permanente por parte de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz. Los precios del petróleo están subiendo y la presión se multiplica en todos lados. 

Rusia observa con detenimiento los hechos. Le conviene que los precios del oro negro suban. Tiene facilidades al saber que Estados Unidos ha suavizado diversas sanciones que competen en el mercado internacional del petróleo.  Necesita dialogar. Necesita ayudar a Irán, pero también negociar o tratar de persuadir a Trump para que se llegue lo más pronto posible a un acuerdo de paz. Por lo tanto, este miércoles, Putin y Trump conversaron vía telefónica por 1.5 horas. Son 12 llamadas entre ambos desde que regresó Trump al poder. No lo hacían desde el pasado 9 de marzo. Los puntos clave de la llamada fueron Ucrania, un posible cese al fuego con Ucrania para el 9 de mayo y el conflicto en Irán. De alguna u otra manera, el mandatario ruso le hizo saber a su homólogo estadunidense sobre el desastre que podría representar prolongar la guerra con Irán.

Rusia deja su recado a Trump. Veremos qué sale de dicha conversación en los próximos días.