Nueva trama sobre Ucrania

La semana pasada escribí una columna que tuve que partir en tres conceptos sobre Ucrania. Casi al enviarla, surgió la filtración en la prensa estadunidense sobre un plan de 28 puntos para la paz en Ucrania. Supe en ese momento que dicha filtración haría explotar a ...

La semana pasada escribí una columna que tuve que partir en tres conceptos sobre Ucrania. Casi al enviarla, surgió la filtración en la prensa estadunidense sobre un plan de 28 puntos para la paz en Ucrania. Supe en ese momento que dicha filtración haría explotar a Ucrania, Estados Unidos, Rusia y a Europa.

La filtración caló fuerte dentro de Washington, especialmente por saberse la gran parcialidad hacia Rusia. Se hizo sentir el enojo de varios funcionarios al hacerse público el borrador del plan de paz. La nueva administración estadunidense se confundió, se echó la bolita entre sí, mintió y se retractó. Pareció como si dicho plan hubiera sido traducido del idioma ruso al inglés y fuera pensando en gran parte para favorecer al país invasor. La noticia sobre el plan de 28 puntos tuvo una reacción inmediata por parte de Rusia y Ucrania. Ucrania, al enterarse, sintió tal presión, que su presidente tuvo que hacer un video hablando sobre la decisión que se debería tomar para el futuro del país. Rusia, por su lado, declaró que no había recibido una propuesta o un proyecto oficial, pero que lo veía bastante bien.

Jefes de Estado, naciones, periodistas y analistas hicieron sentir su frustración hacia la administración de Donald Trump. El principal culpable era Steve Witkoff, enviado especial del gobierno de Donald Trump para Oriente Medio y Rusia.

La presión del plan de paz de 28 puntos hizo que la Casa Blanca tuviera que calmar las aguas. Lo consecuente fue buscar una reunión en Ginebra, Suiza, con una delegación ucraniana para tratar de redactar un nuevo plan de paz. Las negociaciones en Ginebra fueron tensas y complicadas, pero se llegó a un acuerdo entre ambas partes. Se creó un plan de 19 puntos que necesita todavía pulirse entre Washington y Kiev, como también, que sea aceptado por Trump, Zelenski y Putin.

Después de Suiza, la Casa Blanca tuvo que enviar al jefe del ejército estadunidense y al yerno Kushner a Abu Dabi, EAU, para negociar con Rusia el nuevo plan de paz realizado en Ginebra. Obviamente, Rusia no lo vio con buenos ojos.

Ante esto, Donald Trump ha decidido forzar más las cosas y enviará para la próxima semana a Kushner y a Witkoff a Moscú.

 Si bien la presión recae ahora en Rusia, Putin ha hecho saber desde Biskek, Kirguistán, que su país no firmará ningún documento con el actual régimen ucraniano y que las hostilidades militares se detendrán sólo cuando Kiev decida retirarse de los territorios que Moscú ha capturado en casi 4 años de guerra. En pocas palabras, habrá solo paz si Rusia lo decide y bajo sus términos.

Ante lo relatado en este espacio, surgió esta semana otra filtración de la prensa que involucra de nuevo a

Witkoff, pero en esta ocasión sobre una llamada telefónica con Yuri Ushakov, asesor en Política Exterior del presidente de Rusia, Vladimir Putin. Con tal contenido, ahora sabemos quién ha influenciado tanto a Trump en sus decisiones sobre Rusia, el plan de paz filtrado y la negación del envío de misiles Tomahawk a Ucrania.

Yo, sinceramente, creo que la misma administración trumpista ha complicado todo. Las filtraciones son un plus y los esfuerzos hipócritas se añaden a una resolución que Rusia no aceptará.

¿Dónde quedaron los grandes diplomáticos estadunidenses? ¿Por qué utilizar a funcionarios o a familiares que no son diplomáticos? No entiendo.

Me parece que la nueva negociación en Moscú quedará en “lo veremos en dos semanas”. O sea, en lo mismo de siempre. En nada.

Mientras tanto, el invierno avanza.

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