Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos cuelgan de un péndulo. Estaban a punto de colapsar a mediados de esta semana, pero se rescataron gracias a la diplomacia árabe. Todo ha sido un vaivén de declaraciones entre
Teherán y Washington en el que todo indica que no se llegará a nada durante hoy en Mascate, Omán. Prácticamente, nadie cree que algo se pueda rescatar o pactar entre el enviado especial de la administración de Donald Trump, Steve Witkoff, y el canciller iraní, Abbas Araghchi.
La presión recae completamente en Irán, pues Estados Unidos ha puesto condiciones bastante extremas que están orillando a Irán a desistir de muchas de sus ambiciones armamentistas o nucleares. La administración del presidente Trump busca sí o sí que Irán ceda. Activos militares, buques destructores, un portaviones, bases militares y más equipo militar están rodeando a territorio iraní desde el mar Mediterráneo hasta el mar Arábigo. Las negociaciones cuentan con una presión militar disfrazada de diplomacia. Las amenazas entre Trump y Jamenei no se esconden. Estados Unidos utiliza su gran momento después de sus acciones en Venezuela y su acuerdo con Groenlandia mediante la OTAN. El derecho internacional vale un comino. La soberanía de los países poco importa. El hombre más poderoso del mundo quiere un cambio significativo en Irán. Su poderío militar está en la zona. Si algo no sale bien, sabe perfectamente que las armas están listas. No las quiere usar, pero están ahí por si se necesitan. Espera que la diplomacia y las amenazas funcionen. Su táctica es querer resolver todo diplomáticamente usando un espectáculo de fuerza. Es su forma de persuadir.
Irán sabe que existe un límite al jugar al tú por tú con Trump. Se puede ser recíproco con amenazas y buscar defenderse de Estados Unidos, pero hay una línea invisible que no se puede pasar. Lo recuerda con Israel y lo entiende con Estados Unidos. El presidente cuadragésimo séptimo de la nación norteamericana sabe que existe una fecha límite. La paciencia de Trump es incierta y caprichosa. Sólo ha sido paciente con Rusia. Con Irán ha tratado de serlo, pero el tiempo corre sin verse una resolución que le guste.
Durante esta semana, hemos visto muchos movimientos, mensajes diplomáticos y países que están interviniendo para que se trate de llegar a un diálogo. Se tenía a Turquía como sede para el encuentro Witkoff y Araghchi, pero el lado iraní buscó de manera muy estratégica mover la sede a Omán sin que otros países estén presentes dentro de las negociaciones. Quiere hablar sólo con Estados Unidos. Omán es uno de los países que ha servido como mensajero diplomático. Irán se siente en confianza.
Ante esto, yo comentaba la semana pasada en Globalística que Irán podía negociar o aceptar un cambio en su régimen nuclear, pero no en el límite de su poderío balístico o en apoyar a sus proxis dentro de la zona. Dicho y hecho, las negociaciones casi se tambalean. La presión a Irán y las condiciones que Estados Unidos pide son prácticamente inaceptables. Sin embargo, la cordura y la diplomacia han perdurado hasta el momento para buscar una posible salida. Es hasta cierto punto algo ridículo lo que todos hemos tenido que presenciar entre posturas durante las últimas 48 horas. Es confuso.
Sinceramente, yo sigo creyendo que las negociaciones no resultarán en nada positivo y fracasarán. Muchos en Washington creen lo mismo.
Trump esperará a lo que suceda en Mascate, teniendo ya las opciones para cualquier escenario.
