Esta semana, en particular, quiero enfocar este espacio en Cuba. La situación en el país caribeño se agudiza de una manera que, si bien no es del todo extraña, sí es de llamar la atención con la rapidez en que se deteriora al ir pasando semana con semana desde finales de 2025. Pareciera como si de manera interna el régimen cubano está colapsando al no contar con los recursos para sobrevivir y que su pueblo pueda coexistir en lo más mínimo. Todo se está pudriendo. El sistema no funciona. Ya no es un clímax o un límite como sucedió a finales de los 70 u 80 con la Unión Soviética. Cuba es un modelo que se pudrió desde los 90 y que nunca fue desarrollado al llegar el siglo XXI. Es un gobierno que no se ha preparado ni ha prosperado por décadas ante un escenario como el que está viviendo en estos momentos. Sea un bloqueo o un embargo (sabemos bien qué es), el gobierno cubano se hace la víctima a nivel internacional culpando a Estados Unidos de su mediocridad y de su nulo desarrollo sin buscar realmente alternativas que cambien el panorama económico interno del país.
Su alianza con China, Irán, Rusia, Venezuela y otros países afines sólo ha sido efectiva para recibir dádivas o cuestiones que hacen funcionar a la isla de una manera simple sin poder transformarse a un cierto nivel que es necesario en pleno 2026. Es dependiente de países hermanos al recibir ayudas humanitarias que son disfrazadas de petróleo en muchos casos. Sus exportaciones se basan en el tabaco, minerales, azúcar, alcohol, su ideología propagandista, en la lástima que hace notar a nivel mundial, en enviar médicos con un modelo esclavista a otros países e infiltrar seguridad o personal en los regímenes socialistas compatibles.
Requiere importar grandes cantidades de petróleo para echar a andar lo más básico dentro del país, pero ya no lo puede hacer debido al reciente decreto que firmó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en imponer sanciones a los países que suministren petróleo a la isla caribeña. Su capacidad interna de producción petrolera es de 40%, por lo cual necesita importar sí o sí petróleo. Venezuela y México eran los principales sponsors de petróleo todavía hace unas cuantas semanas atrás, pero la presión estadunidense paró todo el flujo de suministro que se enviaba a Cuba. Por ende, el país se está desmoronando sin realmente quedar con opciones al estar pasando los días. El petróleo podría acabarse en menos de diez o 15 días. El régimen cubano ha entrado en modo pánico queriendo verse fuerte, pero se encuentra negociando de manera muy sutil con Estados Unidos. El régimen de Díaz-Canel está a punto de desplomarse si no llega a un acuerdo. Sin petróleo y sin lo más mínimo para que el país funcione, el riesgo es más que latente.
Ante esto, me hago la siguiente pregunta: ¿De qué han servido 67 años de revolución si Cuba es actualmente una isla parásita en todas sus formas?
Con lo que estamos viendo, ni Rusia ni China pueden salvar a un país que está en pleno estado de putrefacción. Donald Trump se encargó de darle en el blanco a Cuba de una manera muy inteligente. No necesitó hacer mucho. Cuba, me parece, se podría convertir en una nueva Venezuela usando el modelo Delcy Rodríguez. Hacia ese rumbo todo va encaminado.
Se entiende que la dictadura cubana ha resistido por 67 años ante tantas dificultades y amenazas, pero, sinceramente, no veo la forma en que pueda sobrevivir dicho régimen en los próximos meses si todo sigue de la misma manera.
