El asunto de la violencia entre adolescentes

Raymundo Canales de la Fuente

Raymundo Canales de la Fuente

Bioética y biopolítica

Hace un par de semanas ocurrió en México un horrendo crimen perpetrado por un adolescente quien dio fin a las vidas de dos de sus maestras. Mucha tinta se ha vertido, por razones más que evidentes en virtud de la tremenda preocupación que nos causa atestiguar un hecho tan terrible, llamando poderosamente la atención el hecho de haber sido cometido por un menor de edad. La verdad es que en una primera reacción, de bote pronto, a todos nos asaltan dudas en relación con la severidad del castigo y resulta entendible hacer la pregunta a la sociedad en relación con cambiar la edad para castigar penalmente a alguien. Desde luego, la respuesta sensata, a mi juicio, es absolutamente negativa: generalmente las conductas antisociales de los menores de edad reflejan un problema en casa o en su entorno más inmediato y casi siempre ellos son más víctimas que culpables. También como médico manifiesto la necesidad inmediata de descartar alguna patología cerebral en el menor, en vista de que existen algunos tipos de epilepsia que pueden causar crisis de violencia extrema.

Ahora quiero expresar también un hecho que desde hace años me ha llamado poderosamente la atención, relacionado con la carencia de propuestas educativas para el nivel de la escuela secundaria, que cursan los menores entre 12 y 16 años de edad, justamente el periodo del cambio hormonal brusco que acompaña a la adolescencia. Este enorme grupo de menores nacieron en un mundo digital, rodeados de aparatos conectados a internet, acostumbrados a obtener de manera inmediata cualquier cosa que llame su atención, también habituados a comunicarse con sus amigas y amigos por el mismo medio, utilizando un lenguaje por cierto pletórico de significados que, desde luego, los adultos no entendemos, pero hasta el extremo en el que a veces ni siquiera tenemos la más remota idea del tema que están abordando. Bajo esas circunstancias, la sociedad y el sistema educativo diseñados por personajes originados en el Precámbrico (así nos ven), pretende educarlos mediante un profesor que se pone de pie frente a un grupo y utilizando un instrumento que seguramente para ellos es absurdo, un pizarrón, y pretende enseñarles algo. Desde luego, si alguna o alguno tiene en ese momento alguna curiosidad acerca de lo que habla el picapiedra, se lo quita como mal pensamiento en los siguientes cinco minutos, en vista de que es algo por completo ajeno a su vida y desde su punto de vista absolutamente inútil. 

Casi todo el mundo occidental está enfrentando problemas cada día peores entre éste grupo etario, pero, como siempre, hay alguna excepción. Los países escandinavos han optado, desde hace algunos años por un viraje absoluto de su sistema educativo y articularon un sistema basado en la teoría Freinet y, hasta donde sabemos, con buenos resultados. Acá en nuestro país hemos tenido alguna iniciativa, como lo manifestado al inicio de la administración previa por Esteban Moctezuma al ocupar la Secretaría de Educación, de la cual fue removido sin haber articulado ninguna de sus ideas inspiradas en el sistema escandinavo.

Me parece que algo tan hondo y estructural puede explicar los extremos de conductas antisociales como el crimen de marras y, desde luego, debe dar pie a una discusión amplia, con bases educativas firmes, pero tendientes a modernizar y articular un sistema educativo que les resulte atractivo hasta el extremo de atrapar su atención, brindado de esa forma el acceso a una educación realmente significativa para los menores. Mis hijos son adultos jóvenes, pero ya plenamente integrados a sociedades muy productivas, y seguramente ellos tendrán que enfrentar estos retos cuando se enfrenten a educar a sus vástagos.

Por lo pronto, invito a la sociedad a preguntarnos con toda sinceridad si lo que estamos haciendo en las escuelas del México de hoy, es sensato.