Sentires que afloran frente a la catástrofe

La oscuridad se rompía sólo por reflectores alimentados con plantas generadoras que emitían un ruido ensordecedor

Misma fecha, nueva catástrofe sísmica, infames coincidencias. Frecuentemente, las palabras no alcanzan para describir lo que sentimos... hace falta la pluma de Juan Villoro que le dedica unas líneas a lo que estamos sintiendo los mexicanos frente al desastre.

Nudo en la garganta que me impidió hablar a lo largo de muchas horas, en las que permanecí impávido e incrédulo frente a la escuela Rébsamen.

No pudieron rescatar a nadie con vida, por lo menos en ese lapso. La posibilidad de que un niñito permaneciera con vida bajo aquella montaña de escombros me estremecía y saltaban las lágrimas así, sin más; compartiendo el dolor y la desesperación con todos y todas, cada uno en su estilo, pero seguro de que la raíz era la misma.

La oscuridad se rompía sólo por reflectores alimentados con plantas generadoras que emitían un ruido ensordecedor. Los olores se mezclaban... algunos más desagradables que otros.

Me retiré cuando mi fuerza menguaba, corriendo en la oscuridad total por unas calles húmedas y con el ruido de los helicópteros rondando la zona. Esbozo de escena de guerra. Así es la catástrofe.

También se acompaña de miedo, de impotencia, de rabia frente a lo desconocido que nos arrebata personas, niños, vecinos, compatriotas que deberían estar jugando con los suyos.

Después del intranquilo sueño de esa noche, al despertar y percatarme que la desgracia sigue, siento náuseas frente a una realidad que nos tiene muy incómodos a los mexicanos, relativa a nuestros detestables políticos y sus respectivas agrupaciones.

Son ellos los encargados de brindarnos las noticias, de tomar las decisiones en la desgracia, pero también son ellos la concreción de la corrupción más deplorable, los que no se detienen frente a nada para seguir saqueando al país de forma abierta, mediante los mecanismos “democráticos” legales, como de maneras subrepticias, robando todo lo que pueden del presupuesto público a su alrededor.

Edificios gubernamentales construidos, demolidos y vueltos a levantar como monumentos a la rapiña, partidos políticos con cifras de financiamiento público de miles de millones de pesos, institutos electorales federales y estatales encargados de organizar y vigilar elecciones que de todas maneras resultan mal, con presupuestos también millonarios... estamos hartos.

Porque, además, esa lamentable clase política que vive en la opulencia le va a escamotear dinero a la gente más pobre, cuyas viviendas quedaron inservibles, a los miles de familias con departamentos comprados con esfuerzos enormes a constructores sin escrúpulos que resultaron dañadas gravemente, y no dudo que hasta se estén robando la ayuda colectada por la sociedad solidaria.

No se trata de odiar, simplemente debemos ya, hoy, quitarle a ese nauseabundo grupo de rateros el poder.

Debemos obligarlos a regresar el dinero para dirigirlo a quien lo necesita de forma urgente, debemos exigirles que terminen con sus cuidadas prebendas y salarios ocultos.

Debemos también exigir que restituyan el presupuesto para atención sanitaria.

Ya no es posible, lárguense, pero dejen el dinero de la gente.

Saquen ya las manos del presupuesto.

Dejen ya de otorgarle cargos a sus amigos, aunque sean unos inútiles. Ya basta. Mis hermanos en desgracia no pueden esperar.

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