Lo que no se está discutiendo de la mariguana

¿Quién se puede negar a proporcionarle la medicina a la niñita que vimos en los medios?

Arrancaron los foros públicos de la discusión originada por la sentencia de la Corte. El tribunal constitucional se pronunció respecto de una demanda que interpuso un pequeño grupo de particulares que desean usar, de forma recreativa, la dro ga. La sentencia los deja en libertad para cultivarla, poseerla y utilizarla para su diversión, obviamente sin molestar a nadie, basándose en un discurso relativo a la libertad personal, el derecho a la autodeterminación de las personas y, finalmente, a sus libertades personales: que mientras no afecten a otros no hay razón para limitarlas.

De acuerdo a la agenda marcada por el gobierno, iniciaron los foros desde el ángulo sanitario y se hacen evidentes muchos argumentos que trascienden a los medios, relativos al uso medicinal de los derivados de la cannabis; quizás el tema más light  y en el que resulta difícil encontrar argumentos contrarios: ¿quién razonablemente se puede negar a proporcionarle la medicina a la niñita que vimos en los medios de comunicación? Casi se necesitaría ser un monstruo para negárselo. Por lo pronto, nos perdemos en la lógica del “uso medicinal”, a lo que nadie se opone. Cualquier extracto de una planta que resulte en un uso terapéutico con beneficios demostrados debe ser utilizado por la sociedad, lo contrario sería tan absurdo como prohibir la morfina porque proviene del opio. Aquí no radica el problema sustantivo de la sociedad occidental moderna. Lo que aborda la tesis de la Corte es exactamente lo importante, es decir, el deber de respetar la autonomía de las personas aunque decidan hacerse daño. Durante toda la historia de la humanidad, los seres humanos hemos decidido tomar conductas que nos ponen en riesgo o nos hacen franco y evidente daño, incluso, hasta causarnos la muerte. Ejemplos históricos sobran y en la actualidad vemos morir a las personas víctimas del tabaco, el alcohol o la velocidad en vehículos automotores; no hay razones evidentes para prohibir las conductas de riesgo, en todo caso la obligación inalienable de los gobiernos debe girar en torno a la prevención, la orientación y la prohibición de proporcionárselos a menores de edad, que en el caso de la mariguana representa un riesgo excesivo. Probablemente en los foros en los que se ventile el asunto de derechos fundamentales de las personas afloren éste tipo de ideas; quizá sean los más interesantes. En la semana escuchamos opiniones de políticos y legisladores en el sentido de apoyar el uso terapéutico, pero no el lúdico; es decir, están esquivando la discusión de fondo. Lo que realmente puede cambiar la faz de la sociedad es entrarle a este tema con seriedad y aportar en el sentido correcto hacia la pacificación del país, dejando de lado la persecución de quienes siembran, producen o comercian con las llamadas drogas ilegales.

Hasta el cansancio se ha dicho, ya que esa fue la historia de la época en la que nuestro vecino del norte prohibió el alcohol. Las conclusiones deben ser hacia el progreso, basadas en la tolerancia, sin negar nunca el daño hacia las personas, pero asumiendo la responsabilidad de que no le corresponde al Estado inmiscuirse en la vida de las personas hasta el punto de ventilar su intimidad. Nada más negativo. Ojalá presenciemos debates de mejor nivel.

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