Bioética y cáncer

El probable aumento de 70% de casos cancerígenos en lospróximos 20 años refleja el escaso control del problema

En estos días se celebró el Día Mundial contra el Cáncer, que no es una enfermedad sino un enorme grupo de enfermedades, diferentes entre sí y con una manifestación común, que es una proliferación celular anormalmente rápida y destructiva. La ciencia médica ha podido documentar claramente los diferentes orígenes de muchos tumores malignos: los hay causados por infecciones virales, hasta otros que son la respuesta a sustancias tóxicas. La Organización Mundial de la Salud reporta poco más de ocho millones de muertes en el mundo, a lo largo de un año, debido a estas enfermedades, que en medicina definimos como “neoplásicas”. El cálculo de los salubristas arroja un probable aumento de hasta 70% de nuevos casos en los próximos 20 años, cifra que refleja el escaso control del problema que tenemos como raza humana.

El 30% de las muertes por cáncer —también según la OMS— se debe a cinco factores de riesgo conductuales y dietéticos, a saber: el sobrepeso, la falta de consumo de frutas y verduras, la inactividad física, el consumo de alcohol y el uso cotidiano del tabaco.

La perspectiva social implícita en la cultura occidental, que conduce a un hedonismo caracterizado por valores como la máxima comodidad y el mínimo esfuerzo, obviamente están en relación directa a las conductas descritas; el control de dichos factores de riesgo, entonces, es frontalmente opuesto al desarrollo de la civilización. Pero como siempre, hablando de la conducta humana, existen los matices, por un lado, de índole personal, es decir las conductas que libremente decide cada persona a sabiendas del riesgo, hasta la responsabilidad política de los dirigentes, que tienen la obligación ética de enviar mensajes muy claros a la sociedad con un enfoque preventivo, y de articular políticas públicas que se opongan a las conductas indeseables, inclusive a pesar de que signifique confrontar intereses de las grandes corporaciones internacionales, que cada día gobiernan más. Los encargados del trabajo político tienen cada día menos poder y menos herramientas para asumir las tareas implícitas en problemas como el descrito, y quizá la única salida es la generación de conciencia social suficiente para que los ciudadanos hagan escuchar su voz frente al poder económico.

Hablando concretamente del enfermo de cáncer en sociedades depauperadas, deben existir mecanismos de seguridad social que le garanticen el acceso a tratamientos y fármacos, habitualmente muy costosos y que pueden destruir la economía de una familia; y el consultorio médico debe convertirse también en una tribuna educativa, en vista de las decisiones que enfrentará a corto plazo el paciente, quien debe tener la última palabra en todo el panorama terapéutico. Muchos tumores son susceptibles hoy de curación, y en estos casos el médico debe favorecer el camino hacia la recuperación, pero cuando hablamos de situaciones incurables o terminales hay tantas disyuntivas en el camino casi como personas enfermas. Cada paciente debe tomar todas las decisiones en completa libertad.

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