CNDH y reproducción asistida
El Ombudsman tiene la obligación de velar puntualmente por los derechos para todas las personas.
Desde el punto de vista de un ciudadano que, además de estar consternado por los terribles hechos en Guerrero, he estado interesado desde hace muchos años en los derechos sexuales y reproductivos de las personas (en íntima relación con el ejercicio de mi especialidad), manifiesto mi preocupación en cuanto a la próxima elección (o reelección) del Ombudsman nacional a cargo del Senado. Hemos vivido en nuestra historia reciente, una absurda contradicción de un “encargado” de los derechos humanos que estaba personalmente en contra del ejercicio de los derechos reproductivos de las mujeres para que pudieran ejercer su derecho a la interrupción de la gestación. Esa triste historia redundó, inclusive, en una demanda que articuló dicho personaje en contra de la Ley del Distrito Federal que despenaliza el aborto; nada más absurdo, especialmente porque ese episodio hizo patente la mala utilización del poder y de los recursos públicos para defender posturas ideológicas o religiosas; hechos casi criminales en vista de que la falta de acceso a servicios médicos de esa índole condiciona muertes maternas. Para complicar el panorama resulta que hoy, las ciencias reproductivas, nos ofrecen vías alternas para conseguir la paternidad y maternidad, concebidas en su origen como tratamiento para parejas infértiles, pero que tienen el potencial de utilizarse en muchas otras circunstancias. Inclusive hay una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado de Costa Rica que lo obliga a ofrecer la tecnología a su población, considerando un derecho inalienable el de la libertad reproductiva, como acá tenemos consignado en el artículo cuarto de nuestra Carta Magna que explícitamente dice que todas las personas tenemos el derecho a decidir el número y espaciamiento de los hijos. El Ombudsman tiene la obligación de velar puntualmente por estos derechos para todas las personas, sin cortapisas, con un escenario en el que todavía no existen quejas de personas o parejas concretas (como sí ocurrió en Costa Rica) y preguntarse acerca de las razones por las que en nuestro querido país frecuentemente ocurre que se le niegan servicios de salud a mucha gente y nadie se queja. Por supuesto frente al dolor de los recientes eventos en Guerrero, el asunto de la reproducción parece poco relevante, el primer derecho humano de las personas es a la vida, pero no nos podemos olvidar de los demás, especialmente en estos momentos cuando el Senado se prepara para la elección del personaje.
El tema de los Derechos Humanos, en la sociedad occidental moderna, parece cada día menos “de moda”, es un asunto al que el Estado le tiene que dedicar recursos (por obligación legal), pero del que los políticos no quieren enterarse por una razón muy simple: no produce dinero ni votos, pero lleva implícito, una concepción filosófica de la vida y de la muerte de las personas. Necesitamos conservar a la laicidad como punto toral en ese cargo, acompañado de la disposición para empaparse en el tema y trabajar con más fuerza para llevarle a las personas herramientas concretas, accesibles y útiles. Ojalá la senadora Angélica de la Peña y los demás legisladores de la Comisión de Derechos Humanos del Senado ponderen este punto de vista y retomen el tema de la reproducción humana, que a la fecha carece de una reglamentación.
