Una inflación sin precedentes

En Inglaterra están exhortando a ¡economizar el agua!

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Las opiniones y datos dominantes emanan de personajes cuya razón y talento no son evidentes, pero que ocupan un lugar que permite sean ampliamente escuchados. Esto ocurre con funcionarios que afirman una y otra vez que el país marcha por buen sendero.

¿Y por qué nos cuesta tanto lo que comemos, vestimos y el electrodoméstico que adquirimos? Adquirir un auto, un departamento o pagarnos una vacación familiar parece un cuento fantástico. Me pregunto si esos funcionarios van de vez en cuando al tianguis, al supermercado o algún centro comercial. Estoy seguro que no alcanzan a ver lo que dice el Inegi, en otras palabras, el aumento que han tenido algunos productos, digamos el limón, que ha aumentado 28%; el aguacate, 22.95%; el huevo, 32.33%; la papa, 69.56% y la cebolla, 92.64 por ciento.

Y claro, aunque no lo necesiten, deben saber que, en barrios de clase media, la renta de un departamento estándar se ha incrementado en 27%, adquirirlo a meses y años con intereses llega a alcanzar el 59% anual. No hablemos sobre autos, cuyas tasas de interés, al igual que las de las tarjetas de crédito, fluctúan entre 73 y 86 por ciento al año.

Lo que importa ya no es la veracidad de lo que ocurre, sino lo que a todas horas se dice. Valga la frase de que si la realidad no se ajusta a mi dicho, peor para la realidad.

Todos los datos, al alcance de todos, indican que la inflación de este año es la mayor del siglo XXI. Y son los alimentos a los que más se atribuye el mayor índice, ya que registran un porcentaje anual del 14.54 por ciento.

Los analistas indican, casi con las mismas palabras que los altos precios en materia agropecuaria y alimentos en general no desaparecerán en el corto plazo; estiman pueden durar un par de años, sin que esto signifique que ya no puedan aumentar más. Antes bien, aún puede subir más.

Se nos dice que la inflación alcanzó un nivel récord de 8.6%, pero quien compare el precio de cualquier producto o servicio, puede darse cuenta que esa cifra es mucho mayor al querer adquirir una camisa, un par de zapatos o sentarse en una fonda o restorán. ¿De dónde o bajo qué método los expertos hablan de sólo el 8.6 por ciento de inflación?

En tres países de Europa, España, Italia, Francia, están alarmados por el costo que han adquirido el pan, las legumbres y el vino. Productores y gobierno se reúnen con frecuencia y hacen diversos tipos de proyectos para bajar el precio del trigo y los combustibles. Lo insólito, en la otrora y cuasi permanente húmeda Inglaterra, están exhortando a no regar los prados y ¡economizar el agua! Si hablamos de Canadá, experimentan el apuntalamiento de diferentes puntos de su economía para dejar de consumir carbón y petróleo.

Las ayudas a países africanos y de América, como Haití, se han visto reducidos drásticamente por parte de los desarrollados. Incluso China está elaborando un plan para impedir el alza en los precios de mariscos, carne de cerdo y consumo de gasolina. A todo esto hay que añadir lo que ha salido a la luz pública, durante el Primer Congreso de Educación Financiera, la Asociación de Bancos de México señaló que la mitad de los mexicanos sufren una epidemia silenciosa de estrés, ya que no dejan de pensar en cómo pagarán sus deudas. Esto genera angustia, desesperación y violencia intrafamiliar. “Todo va bien”.

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