Un verdadero calvario

Con los resultados en la mano, seis meses más tarde, y a un año de haber comenzado su necesidad de ser atendido, logrará ver al especialista, quien le dará un diagnóstico y recetará diversas medicinas. Dejemos de lado el día de hoy asuntos trascendentes como la ...

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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-Con los resultados en la mano, seis meses más tarde, y a un año de haber comenzado su necesidad de ser atendido, logrará ver al especialista, quien le dará un diagnóstico y recetará diversas medicinas.

Dejemos de lado el día de hoy asuntos trascendentes como la violencia endémica, las desapariciones forzadas, el cada vez más profundo pozo en que se encuentra la educación, los dispendios en obras faraónicas, como el Tren Maya, la adquisición de una obsoleta refinería en Texas, el incremento de la corrupción y otros más que forman un abultado cáncer social para concentrarnos en uno solo: el acceso y tratamiento de la salud en los establecimientos públicos.

Como saldo de una pandemia que no cede y continúa arrojando cifras crecientes de contagio y muerte, tratemos de ver lo que ocurre en el llamado sistema de salud, el cual está conformado por dos sectores, el privado y el público. Por hoy, veamos lo que ocurre en este último.

Si usted trata de ingresar por primera o décima segunda ocasión al Seguro Social, a cualquiera de los institutos de salud, digamos Cancerología, Nutrición, INER o Cardiología, a tramitar una cita, la respuesta es invariable: “Venga el próximo mes para ver si hay posibilidades”. Digamos que usted corre con suerte y 90 días después logra su cita en el IMSS con un médico general, quien va a canalizar su expediente con el especialista que, seguramente, está en otra parte de la ciudad. Ahí tendrá que esperar a ser atendido ocho o nueve semanas más tarde. Usted continúa con suerte y una doctora, después de revisarlo, pedirá se haga análisis en un laboratorio en un domicilio aún más lejano y peor comunicado. En todas esas oficinas, las salas de espera y las bancas están maltratadas, los pisos sucios y los malolientes sanitarios sin jabón ni papel sanitario.

Con los resultados en la mano, seis meses más tarde, y a un año de haber comenzado su necesidad de ser atendido, logrará ver al especialista, quien le dará un diagnóstico y recetará diversas medicinas. Obviamente no las surtirá ni el Seguro Social ni Cancerología ni cualquier establecimiento público. Habrá que ir a una farmacia particular. Si aún la suerte lo sigue acompañando, el monto de la cuenta le arrebatará una quincena, aunque usted muestre su tarjeta del Inapam, que le dará la oportunidad de una rebaja del cinco por ciento.

Ahora bien, si los análisis y estudios indican que usted debe ser intervenido quirúrgicamente, la espera en sillas rayadas y con altavoces incomprensibles, puede llevarle de 60 a 120 días. ¿Sigue usted vivo o su corazón aún palpita?

El infierno se explica por: a) una austeridad republicana, que primero acusó a los médicos de mercantilistas y despojó al sistema de salud de 32% de sus recursos, b) inventó el Insabi, que desapareció 21 meses más tarde y, c) regresó lo que queda al saturado IMSS.

En efecto, el derecho a la vida es inviolable… en Dinamarca. Aquí es asunto donde manda la diosa Fortuna.

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