Tres posibles sucesores de López Obrador
Monreal, Bartlett y Cárdenas Batel.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
La pasada elección global del domingo 6 tiene muchas lecturas y cada una de ellas desgrana un país dividido y en franco deterioro. Ya se desglosan en los medios difusores y pronto lo harán en la academia.
Hay una lectura, que, si bien es temprano tomarla en cuenta, es inevitable: la sucesión presidencial. Contraviniendo la naturaleza de López Obrador, quien gustaría que su cargo durara cien años, para ello ha activado el artículo decimotercero transitorio, para buscar con un claro globo sonda que el ministro presidente de la Suprema Corte prolongue su mandato dos años más. En consecuencia y, aunque no le agrade, debe estar pensando en las cartas para sucederlo.
¿Quiénes podrían ser?
La querida, placeada y cuidada es Claudia Sheinbaum, quien ha sufrido una lastimadura quizás incurable. En el epicentro de las decisiones políticas, donde reside el volcán de la inteligencia, la ciencia y la cultura, el territorio más rico del país y donde vive la virgen de Guadalupe, la ha rechazado. Marcelo Ebrard nunca ha estado en el ADN de López Obrador, incluso ha sido su competidor en encuestas muy cuchareadas. Las cuentas están saldadas, pues lo rescató de su dorado autoexilio en Estados Unidos y París. Ya tiene Relaciones Exteriores, punto. Además, tiene perfil de fifí.
Los reales son tres: 1. Ricardo Monreal, dos veces diputado federal 1997-98 y 1988-91; senador 1991-97 y anteriormente gobernador de Zacatecas. Hoy preside la Junta de Coordinación Política en el Senado y todos los días extiende su red de adeptos incluyendo familia y actores políticos. Con una gran sonrisa ve los resultados de la elección del domingo pasado. Su fortaleza es la solvencia en su actual posición y su debilidad bien pudiera ser una lealtad sólo a la hora de masticar garnachas y tlayudas en el comedor de Palacio Nacional.
2. Manuel Bartlett. El controvertido director de la Comisión Federal de Electricidad conoce todo el tripero del sistema político. Lo mismo ha servido desde Gobernación para que el andamiaje computacional fallara a favor de Salinas de Gortari, que como secretario de Educación para enamorar a la profesora Elba Esther Gordillo. Como senador se desgañitó contra Felipe Calderón y en su pasado también gozó como gobernador poblano. Es, quizás, el más influyente asesor en materia energética… y otras, del Presidente.
Su marrullería y talento para burlar todo tipo de obstáculos, pudiera ser, en un intento desesperado, la pieza de toque para evitar que se desbancaran los empeños y supuestos logros de la herencia obradorista.
Su fortaleza es el extendido conocimiento de los más oscuros laberintos políticos y su debilidad radica en no poder pisar el suelo norteamericano, ya que sería aprendido para ser investigado por el asesinato de Kiki Camarena.
3. Lázaro Cárdenas Batel. Aunque su historial político no es robusto, pues haber sido gobernador de Michoacán no lo convierte en una estrella, representa a la mítica idea de su abuelo, el general y presidente, calificado por López Obrador como “el mejor de todos los presidentes”. No sólo eso, el apellido resuena en el sagrado epistolario de Hidalgo, Morelos, Juárez y la expropiación petrolera como faro de luz para lograr la independencia económica y energética del país. ¿Imaginamos el arrastre popular y la salvaguarda de Pemex como motor de un México transformado por un Presidente visionario y patriota?
Hoy, Lázaro está alejado de los reflectores, encargado de asuntos delicados y confidenciales. Es el posible titular en cualquier secretaría de Estado. Es la pieza de recambio que le daría el resplandor y la salvaguarda a la memoria de un honor que permanecería sin mácula.