Un calor excesivo en el centro del país, inundaciones en Kuala Lumpur, incendios en California, frío intenso en el desierto de Omán, sequía en Moldavia, terremotos en Grecia y Nueva Zelanda, amenaza de desaparición de islas, lo mismo en el mar de Salomón que en Indonesia.
Son ineludibles muestras de un cambio planetario que, aunque no tengamos conciencia de ello, avanza sin que hagamos un esfuerzo individual y colectivo por detenerlo. ¿Hacia dónde nos conduce este cambio climático?
Más de once mil científicos de 153 países han publicado una carta abierta tomando como base a la revista BioScience en la que advierten que, si no tomamos las medidas prometidas en el Acuerdo de París, vendrán para la humanidad sufrimientos incalculables.
Renovar el acuerdo parisino debió haber sido el año pasado, pero una pandemia universal se interpuso y se ha reprogramado para el 21 de noviembre en Glasgow, Escocia. No sin honda preocupación, Joe Biden quiere una reunión de emergencia con participación de líderes mundiales para el próximo mes de abril. De ese tamaño es lo que ya está ocurriendo sin que “eso” sea una ocupación primordial para nosotros.
Desde 1985 y, muy concretamente, en 1995, cuando Mario Molina y Sherwood Roland ganaron el Premio Nobel de Química, advirtieron que si la Tierra alcanzaba un grado y medio de mayor calentamiento y se derritieran los hielos permanentes de Groenlandia y los polos, verterían inmensas cantidades de agua dulce provocando dos acontecimientos monumentales: uno, alteración de la flora y la fauna marítima y dos, aumento gravitacional de los océanos hasta amenazar con severas inundaciones a todas las ciudades costeras, no sólo las de Oceanía, América y Asia, también muchas otras de relevancia mundial como Venecia, Melbourne y Nueva York.
Ya esto ocurre, con menor o mayor medida en todas las islas del Pacífico Sur hasta provocar más de dos millones de migrantes expulsados por el mar. A lo anterior hay que sumar la deforestación incalculable para convertir los bosques en tierras destinadas a sembradíos y pastizales para ganado y proveer de carne a más y más consumidores.
¿Y de dónde salen los principales causantes del cambio climático?
Cada vez hay menos escépticos de que está alteración no sea provocada por la acción humana. Ya sabemos que las causas principales están dadas por la combustión de motores con base en gasolina y en el uso de carbón para generar electricidad. A esto hay que agregar el uso indiscriminado de asfalto, cemento y hierro de construcciones de todo tipo. El desperdicio de comida, enseres de plástico y desechos industriales. En suma, una estructura de vida basada en el desperdicio.
La respuesta del planeta es clara: cada día hay alteraciones climáticas, meteorológicas y de consecuencias sanitarias de orden muy diverso. Por otra parte, ya hay soluciones que podrían contrarrestar las acciones devastadoras. Véase, como ejemplo, que las energías solares y eólicas ya producen la fuerza eléctrica más barata de la historia; la fuerza maremotriz acelera todo tipo de construcción de generadores asimétricos y las dos economías más poderosas, China y Estados Unidos, de forma voluntaria, están supliendo energías sucias y formas de explotación mucho menos agresivas para llegar en 2050 y 2060 a tener un planeta limpio.
Mientras estos propósitos y esfuerzos se dan en otras partes del mundo, el actual gobierno mexicano ignora el cambio climático y da prioridad al ejercicio de la fuerza energética teniendo como base al combustóleo, el carbón y la gasolina. Justo lo contrario a lo que indican la ciencia, la razón y la responsabilidad.
