Sin rodeos: de la democracia al comunismo
Mientras que nuestros días se estrujan con los miles de casos de feminicidios, la destrucción de la selva maya, la lucha contra la cada vez más grande carestía, la búsqueda de medicinas y el sopor de una sociedad harta de escándalos de corrupción, hay un oculto ...

Raúl Cremoux
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Mientras que nuestros días se estrujan con los miles de casos de feminicidios, la destrucción de la selva maya, la lucha contra la cada vez más grande carestía, la búsqueda de medicinas y el sopor de una sociedad harta de escándalos de corrupción, hay un oculto motor que busca llevarnos al paraíso comunista.
Hace unos días durante un foro en el Colegio Nacional, el subsecretario de Educación Pública Superior, Luciano Concheiro, indicó, que la verdadera transformación del gobierno es festejar el comunismo desde nuestro país. Habla sin titubeos: “Frente a la caída del Muro de Berlín y derrota del socialismo real y el avance de la noche neoliberal, festejar el comunismo desde nuestro país es esencial…”.
Estas palabras parecieran copiadas de las propuestas del Partido Antimperialista Francés vertidas durante la reciente campaña presidencial.
Como sea, el subsecretario de una institución fundamental como es la de educación, añadió: “Si queremos transformar nuestra lacerante realidad, debemos proponernos el comunismo como sociedad emancipada de la explotación del ser humano”.
Esto no es nuevo, distinguidos personajes del movimiento de la 4T ya habían abrevado lecciones semejantes en el Foro de San Paulo en Brasil durante la presidencia de Lula, el líder obrero acusado más tarde de diversas corruptelas. Lo novedoso es que ahora un funcionario de alto rango, menciona que debemos adoptar los principios y obtener los mismos resultados que Nicaragua, Cuba y Venezuela, que están ahí como muestra de lo que debemos tener como modelo a seguir.
“Hay que radicalizar esta transformación y volvernos un país comunista; nos parece esencial si lo que pretendemos es transformar nuestra lacerante realidad. Porque hay que ir más allá de la lucha contra el modelo neoliberal y más allá de una transformación democrática del régimen político. Debemos proponernos el comunismo como sociedad emancipada de toda explotación del ser humano y de destrucción de la naturaleza… hay que superar el capitalismo patriarcal y ecocida…”.
En el siglo XVIII, Luis XIV transformó, hablando de transformación, a sus nobles en espantajos con listones quienes empleaban horas en lisonjear al emperador, so pena de volverse ingratos y con ello sospechosos. Ahora, los atrapa huesos que acompañan al señor, quisieran ir más allá sin atreverse a decir lo que el funcionario de la SEP ha declarado. Palabras que, con un velo gramatical y pésima prosa, Manuel Bartlett ya había publicado en su libro El país a debate, publicado con el sello de Grijalbo en mayo de 2012. Léase la página 260: “… el neopopulismo autoritario de López Obrador”.
La voz del señor Concheiro es un faro de luz. Todas las acciones de la actual administración, por absurdas o retrógradas que nos parezcan, adquieren su verdadera dimensión. Todo, la desaparición del Seguro Popular, las guarderías infantiles, la militarización de amplios segmentos de la administración, la rifa-venta-renta del avión presidencial, las humillaciones frente a Trump, el regalo de consulados y embajadas, la designación de la profa Delfina en la SEP, el consentimiento y cercanía de Bartlett, la supremacía del ego sobre cualquier necesidad colectiva, todo tiene el fin de acercarnos con revocación de mandato, reforma energética, reforma del sistema electoral al fin último de alcanzar las condiciones del gran salto: del desarrollo democratizador —que debe ser superado—, para llegar al muy humano y emancipador comunismo.