¿Qué podemos esperar del debate presidencial?

Las cartas están sobre la mesa.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

No hay secreto ni nada escondido. Son dos mujeres muy diferentes con proyectos distintos y visiones opuestas. La señora Claudia Sheinbaum es una creación total de Andrés Manuel López Obrador. Lleva dos decenios sirviéndole y nutriéndose de sus ideas, caprichos y ocurrencias. Ni como miembro de su gabinete cuando fue jefe de Gobierno ni como alcaldesa de Tlalpan ni como jefa de Gobierno en la Ciudad de México mostró ideas y programas propios.

La señora Xóchitl Gálvez brincó como candidata presidencial debido a la cerrazón literal de López Obrador. Al cerrarle la puerta para impedirle que lo cuestionara en la mañanera, la catapultó sin proponérselo. Ella es una mujer entera, sin añadiduras de nadie. Se desplaza como un acorazado en un mar de lodo y violencia, tiene el inmenso mérito de ser fresca y auténtica. Su mérito más grande es presentarse como una retadora ante una contienda desigual y de suyo llena de obstáculos puestos, ideados y asegurados por el Presidente de la República.

La señora Sheinbaum saldrá a gozar del aura de su patrocinador y nadar con protección absoluta de quien sabe todo a él se lo debe. La señora Xóchitl tendrá que esquivar las maledicencias y cuchilladas de un aparato experto en las triquiñuelas de las elecciones.

Sí, de antemano sabemos que esas dos posiciones reflejan puntos de vista que tendrán consecuencias para las próximas décadas. Por el oficialismo, las pruebas están ahí ante nuestros ojos, se busca perpetuar el poder de un solo hombre, continuar abrazando a quien delinque y ninguneando a quien padece lo mismo la violencia callejera que a los desventurados carentes de medicinas. No hay comparación, quien ha ocupado puestos con una marcada deficiencia en el manejo de la estructura de mando y quien ha tenido una brillante tarea tanto en el sector público como en el privado.

A la empinada cuesta que tiene enfrente la señora Xóchitl, hay que agregar la diseminada versión de que el juego ya ha sido ganado por los sumisos voceros de un oficialismo gastado. No hay tal, aunque se afanen en repetirlo para menguar las fuerzas de una ciudadanía que ya ha mostrado en marchas y mítines de protesta que las clases medias están listas para mostrar su decisión de cambiar el rumbo de este sexenio agonizante.

Las cartas están sobre la mesa, y de lo que veamos el próximo domingo en esa desigual batalla, la población obtendrá más elementos para formarse un juicio decisivo. Lo más probable es que la señora Sheinbaum salga a querer conservar la ventaja que el oficialismo le ha creado y repetir el recetario de lugares comunes que ampliamente conocemos.

Por su parte, la señora Xóchitl seguramente irá a despacharse en grande, ya que tiene mucha tela de donde cortar. Más de veinte años de sumisión de su oponente es, en realidad, una gran cola que no puede ser escondida. Veremos de qué cuero salen más reflexiones para alimentar a la ciudadanía.

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