¿Qué ocurre con la corcholata favorita?
Cuando hace un año se vino abajo una porción de la dorada Línea 12 del Metro causando 26 muertos y más de un centenar de heridos graves, Claudia Sheinbaum acudió a contratar a una compañía especializada en riesgos y accidentes de reconocida fama internacional que ...

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Cuando hace un año se vino abajo una porción de la dorada Línea 12 del Metro causando 26 muertos y más de un centenar de heridos graves, Claudia Sheinbaum acudió a contratar a una compañía especializada en riesgos y accidentes de reconocida fama internacional que labora en 99 países y con más de un millar de firmas diferentes.
Esa empresa noruega de nombre DNV se encargaría del peritaje para saber a qué se debió el accidente más mortífero ocurrido en el transporte capitalino.
- A un año de distancia, “la prestigiosa empresa noruega” así calificada por la jefa de
Gobierno, ha sido demandada “por presentar un reporte falso, mal ejecutado, con problemas técnicos, tendencioso y falso. Además, está coludido con nuestros adversarios que no tienen moral y ninguna ética”.
La empresa ya había presentado dos informes preliminares donde se descartaba la mala colocación de los pernos y se cuestionaba el diseño de la Línea 12. Hasta ahí todo estaba bien, pues la responsabilidad recaía sobre la administración de Marcelo Ebrard, quien apresuró la entrega de la obra para salir con una aureola de aspirante natural a la Presidencia.
Ya el tercer informe no gustó. ¿Por qué? Todo indica que se describe que la causa fue debido a fallas en mantenimiento que involucran a las administraciones de Miguel Mancera y a la de Claudia, la corcholata favorita de su jefe. El documento aún no ha sido dado a conocer, pero hasta donde se sabe los análisis señalan filtraciones, grietas en el cemento, deformaciones, humedad y corrosión desde 2015, que se ampliaron sin ser atendidas. Hay quien sostiene que se presentaron fallas provocadas durante la rehabilitación de 2014 y noviembre de 2015 pobreza de cemento, sobrecargas, así como al sismo de 2017.
Como puede verse hoy, la voluntad de transparencia es una gran reivindicación de una sociedad acostumbrada al ocultamiento sistemático de todas las turbiedades de la vida política. Nunca, o rara vez, sabemos realmente lo que ocurre en esos inexpugnables pliegues dominados por intereses profundos y ajenos al ciudadano común.
Contrariamente a lo que se cree, cuando el encumbrado, administrador, inversionista, banquero o político jura que su tarea la realiza en una casa de vidrio y abierta a todas las miradas, sabemos de antemano nos miente. No importan sus intenciones.
- El giro de 180 grados que da la señora Sheinbaum no nos causa sorpresa, no hay ocultamiento en su pretensión. Ella trata de preservar el activo político que ya tiene ganado con su protector y jefe de su presente y futuro.
De ahí sus acciones, concretamente en el derrumbe de un segmento de la línea 12 del Metro: ni quien era la directora Florencia Serranía ni algún funcionario han sido llamados a responder de sus atribuciones y obligaciones, ya que eso involucra a la dupla Sheinbaum-López Obrador por haber recomendado a quien no tenía capacidad alguna para dirigir el transporte ferroviario. Ella lo declaró urbiet orbi, “Yo solo soy la directora...”. En ello iba implícita su justificación que mejor traducida sería: yo no entiendo nada de eso de lo que dirijo.
Una sociedad como la nuestra sigue aceptando autoridades caricaturescas, faltas de imaginación, fineza, prestigio, y sobre todo, ausentes de sinceridad y grandeza.