¿Qué hacemos ante la inminente calamidad?
Los glaciales en los dos polos se están derritiendo.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Hay algo que está cambiando bajo nuestros pies y ante nuestros ojos y nosotros preferimos ver el futbol o comparar el gasto de una marcha de Estado contra otra ejercida por la voluntad de los ciudadanos, mientras se gesta un profundo cambio sin que sepamos valorar lo que nos dicen los que saben.
Tomo como ejemplo lo que una y otra vez repite el físico sueco Johan Rockstrom: “Estamos dejando el holoceno para entrar con rapidez al antropoceno”. ¿Qué es eso? Con el primer término habla de la estabilidad del planeta durante más de diez mil años, caracterizado por un clima que guardaba las características que nos permitieron domesticar buena parte de la fauna, así como el trigo, el maíz, el cauce de los ríos, la creación de herramientas portentosas y ventajosas cosechas de orden muy diverso que nos llevaron a eso que un día bautizamos como progreso.
Rockstrom indica que el antropoceno ha sido la dominación del ser humano, que nos ha llevado en sólo 100 años a cambiar las condiciones climáticas y, por primera vez estamos influyendo ante el riesgo de modificar la estabilidad del planeta. Habla concretamente que estamos rebasando límites. Uno de ellos es el hielo. Los glaciales en los dos polos se están derritiendo a una velocidad mayor de lo que anunció Mario Molina. Esos hielos reflejan la luz solar y si continúan desapareciendo, permitiendo que exista un mayor calentamiento al punto que, de continuar lavándose el hielo, el efecto será contrario y aumentará considerablemente el calentamiento planetario.
Groenlandia, concretamente, está a punto de llegar a un derretimiento irreversible, con una variedad de consecuencias amenazantes para el tipo de vida que hoy concebimos como natural. Los gases que hoy contaminan las grandes ciudades proveen el bióxido de carbono que en la atmósfera provocan las grandes sequías que se traducen en grandes y recurrentes incendios en los cinco continentes.
A su vez, la potencia extrema de los vientos combinados con más y más calor en el mar, no sólo son un peligro para la fauna marítima, sino que esa mezcla provoca tormentas e inundaciones cada vez más fuertes. Si agregamos la cantidad de agua dulce derivada de los derretimientos en los dos cascos polares, podríamos acercarnos a 1.5 grados de mayor calor que de suyo, ya afectan los humerales y las selvas que se están sabanizando. Cuando usted lea estas líneas, la región del Amazonas, estará más y más cerca de perder 24% de su vegetación y 43% de su fauna mayor.
Es fácil advertir que la devastación selvática ya no “produce” lluvia y, justo al revés, es impulsor de más calor. De este modo, ya hay mucho más nitrógeno y fósforo. Las selvas, incluyendo a la maya, están condenadas a la extinción y a la anulación de la biodiversidad que hasta ahora ha sido la principal característica de la Tierra.
En los últimos 12 años hemos creado más de 100 mil productos nuevos, cuyos deshechos terminan en ríos y océanos. El Mediterráneo, cuna de la civilización es hoy el más contaminado de los mares y dos Islas compuestas de plásticos del tamaño de Texas, circundan una el Atlantico y otra el Pacífico.
En la delirante confusión en que vivimos, imposible dejar de ver que las últimas generaciones son incapaces de ver la inminente calamidad que heredaremos a hijos y nietos.