Producimos más y más suciedad

La producción de energía sucia aumentó a 68.2%.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

El encabezado bien pudiera sugerir una referencia a la situación en que se desarrolla la política electoral con un sinfín de irregularidades y faltas inauditas a la forma en que se violan los postulados que no son respetados. Tampoco tiene el propósito de airear el desaseo con el que se trata a los migrantes provenientes del sur del continente.

La cabeza de este texto sí es un referente a un hecho que no sólo afecta a la población mexicana, sino también a la que puebla el planeta. Veamos, mientras que en numerosos países se busca bajar la contaminación que contribuye al nocivo cambio climático, el principal motor energético del país ignora esos esfuerzos y continúa en forma ascendente a contribuir con una de las amenazas más fuertes y comprobadas en contra de todo tipo de vida humana, animal y vegetal. Incluso modificando el panorama pétreo y sólido del mundo.

A manera de ejemplo, los suizos toman videos constantes del derretimiento de sus montañas nevadas y sus ya escasos glaciares para poder mostrarlo en el futuro a las nuevas generaciones. Saben bien los perjuicios que esto tiene en diversos ámbitos; ya les afecta en la disminución del turismo, que cada vez es menor debido a que disminuyen las pistas de hielo.

Este fenómeno tiene amplias repercusiones en la vida marítima con los nuevos caudales de agua dulce que vienen de los polos, norte y sur, y muy especialmente de Groenlandia, Islandia y la cordillera del Himalaya. Los ríos cada vez tienen menos agua y los pastizales están secándose con rapidez inusitada.

Por ello, la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio de Cambio Climático Copernicus, de la Unión Europea, lanzan serias advertencias sobre la descomposición que está ocurriendo frente a nuestras narices, sin que se haga lo necesario para frenar esa transformación global.

¿Qué hacemos nosotros mexicanos para contribuir a detener esa nociva y temeraria destrucción? No solamente hacemos nada, sino todo lo contrario. La CFE (Comisión Federal de Electricidad), hasta el día de hoy el mayor productor y, en muchos casos, único fabricante de energía, ha incrementado en 14.7% su generación con combustibles sucios (carbón, gas, combustóleo, diésel y derivados incluyendo cartón) al punto que la Sener (Secretaría de Energía) indica en su quinto informe de labores, que esa forma de generar energía aumentó en sólo un año, 14%. El documento confirma que el uso tecnológico está basado en el aumento de combustibles sólidos, justo lo que tanto daño provoca a nuestra casa mutua, el planeta.

Si ya se producía energía sucia en 63.4% el año pasado, ahora aumentó a 68.2%. En contraste brutal, la energía eólica, de suyo considerada como limpia, tuvo una reducción de 10.9% durante el mismo lapso.

¿Cómo es posible que esto ocurra?, ¿en qué cabeza se da esta aberración? La respuesta no es simplista, es contundente: no existe un compromiso serio y sostenido por parte del gobierno federal para sumarse al esfuerzo de incorporar energías limpias y renovables. Lo fácil es continuar con lo mismo de hace un par de siglos, allá en el pasado, con energías sucias, eso sí muy útiles para la demagogia de que el petróleo es nuestro.

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