¿Presenciaremos un verdadero debate?
Violencia, inseguridad y miedo serán los temas.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Recuerdo un debate en que el candidato Nicolás Sarkozy no sólo enfrentaba a Jean Marie Le Pen, del Frente Nacional (extrema derecha), sino además a tres tandas seguidas de periodistas hasta alcanzar el número de nueve, ¡nueve periodistas en dos horas y 40 minutos! a través de la televisión francesa. Le preguntaban hasta asuntos que hubiéramos considerado íntimos. Los periodistas querían saberlo todo.
Obviamente, mañana domingo, estaremos muy lejos de algo semejante. Se nos presentará algo mucho más placentero para la candidata oficialista. Nada de llamarla narcocandidata ni de hacerle preguntas directas. Todo suavecito y en concordancia con lo que ha dispuesto su jefe de campaña Andrés Manuel López Obrador. No, no presenciaremos un auténtico debate, será algo parecido a una reunión en la que los aspirantes seguirán un guion sin salirse de límites bien establecidos.
En condiciones de participación equilibrada, habría que haber tenido a Xóchitl Gálvez recorriendo el país hace cinco años y sin haber sufrido múltiples presiones, incluso amenazas. Al hacer cuentas sobre el sexenio que finaliza, la representante de la agonizante administración, estaría en condiciones muy vulnerables. Parodiando a Gilles Lipovetsky, estaríamos ante El imperio de lo efímero (ed. Anagrama). Nada justificaría la continuidad de un régimen fracasado donde los más necesitados ha sido los más tocados.
Pero no es así, la ciudadanía no tiene más oportunidad que inclinarse o por la poco atractiva que hoy es la democracia, o por la prolongación de un gobierno estrecho, autoritario y limitante de las libertades. Y todo eso cubierto por el velo de mil engaños ajenos a la realidad escueta. El debate será uno más. Nótese a la candidata morenista “temer un fraude” cuando es su partido y su gobierno, el más proclive a realizarlo con todas las herramientas a su alcance. ¿Cómo podría hacer fraude la oposición si tiene a la precariedad como acompañante? Lo que hace la señora Sheinbaum es gritar “atrapen al ladrón” para salvaguardar las intenciones de su propio partido.
En esta ocasión, los temas en el debate serán la violencia, la inseguridad y el miedo. Terror que sienten los numerosos candidatos de terminar como tantos otros asesinados en medio de mítines políticos. ¿Cómo salir de eso que es una verdadera acusación a quienes representan a un gobierno teñido de sangre? Son cientos de miles de testimonios que dan cuenta del horror cotidiano. Cadáveres mutilados los hay en todas las plazas, carreteras y calles. Fosas clandestinas, asesinatos, apuñalados, colgados, cercenados, torturados es la norma de los últimos años que dan forma y estructura a la fórmula fatídica de respetar el derecho humano de todo tipo de asesinos a los cuales hay que abrazar en lugar de encarcelar.
¿De qué manera puede la representante gubernamental defender semejante tragedia? Seguramente ofreciendo cifras amañadas y argumentos que han sido aclarados (sic) sin importar la contundencia del miedo que rodea a centenares de miles de familias (¿o serán millones?) en el sitio que se mencione. Y todo esto no dejará huella porque, tras bambalinas, todo está arreglado para que lleguemos al fondo del precipicio, salvo, claro está, que la virgencita de Guadalupe nos haga el milagro.