¿Por qué, señor López-Gatell, por qué?
El ómicron y su cauda de calamidades parecía haber amainado. Ilusiones. De un día al otro dio un giro tormentoso y los contagios se multiplicaron. Sí, pero es un covidcito, como una gripita. “Miren, me duele un poquito la garganta, pero se cura con miel, limón ...

Raúl Cremoux
Otros ángulos
El ómicron y su cauda de calamidades parecía haber amainado. Ilusiones.
De un día al otro dio un giro tormentoso y los contagios se multiplicaron.
Sí, pero es un covidcito, como una gripita. “Miren, me duele un poquito la garganta, pero se cura con miel, limón —sonrisa pícara— y caricias, eso ayuda”.
Y el covidcito subió a 60 mil 552 contagios y 323 nuevos fallecimientos que pudieron evitarse, pero revisemos los dos últimos años de nuestro gobierno frente a la pandemia, ¿a quién le importan los muertos? “En condiciones verdaderamente catastróficas, serían cuando mucho 60 mil”. Hoy las cifras oficiales más conservadoras, son diez veces más, y hay fuentes médicas y de investigación universitaria que hablan de más de un millón y medio. ¿Cómo clasificar el número de fallecidos allá entre las casuchas, en el llano, en las vecindades y en ciudades perdidas, en rancherías, comunidades aisladas y en los hogares de toda la nación?
¿Ha visto usted un acta de defunción; quién la llena, con qué conocimientos, fue accidente de jeringa intravenosa o diarrea compulsiva? ¿Ya se sumaron los muertos por pulmonía atípica y aquellos con trombos raros y “dolencias pulmonares” o nada más los que murieron estrictamente por covid-19?
Si a esa cifra se añaden los últimos miles de contagios que ya ponen a México entre los 20 países más contagiados por ómicron, tenemos una obsesiva realidad donde al menos una persona por familia no logra sanarse con VapoRub, limoncito y miel. Requieren algo más y eso ya se encuentra a casi nuestro alcance y necesario, sobre todo para los organismos más cansados, con enfermedades crónicas, debilitados o en condiciones de vida carentes de refuerzos vitales: alimenticios y emocionales.
Los tratamientos antivirales, como el Molnupiravir de laboratorios Merk o el Paxiovid de Pfizer, han demostrado su eficiencia y, de haber voluntad política, bien pronto podrían estar en las farmacias y con ello salvar muchas vidas. Pero no será así, la Cofepris, léase bien, el señor Hugo López-Gatell, considera que deben estar bajo control de la Secretaría de Salud. ¿Por qué, señor subsecretario o súper secretario, por qué?
Ha dicho que esas medicinas responden a indicaciones específicas y requieren prescripción médica. Igual que los antibióticos.
¿Cuántas veces, con severa discreción, se ha aplicado el Remdesivir a políticos, empresarios y personas con alta capacidad económica? A muchos y el precio tan alto, se debe a que se ha impedido la libre y amplia circulación del fármaco que bien pudiera bajarse el precio y hacerlo mucho más accesible. Pero no es así. ¿Por qué señor, López-Gatell?
Su uso ha sido probado satisfactoriamente en el extranjero y también aquí entre nosotros. Esos antivirales son caros al igual que muchas otras medicinas de última generación como el Regivas de 400 mg, el Ezetimibe-Simvastatin de 10/20mg o el Elicuis que se recomienda entre los médicos en cardiología. Todos se pueden encontrar en las farmacias y permiten prolongar satisfactoriamente la vida de los pacientes.
Observamos hoy una nueva difusión de las influencias y mucho más cuando el país entero descansa sobre la opinión de las estrellas mediáticas que, a fuerza de bombardeo en radio y televisión, suplen su ignorancia y esconden, o tratar de hacerlo, esa su ineficacia.
¿Por qué sigue usted en el cargo, por qué, señor López-Gatell?