Podemos contener y hasta vencer al monstruo

Cuando el médico te dice: lo siento mucho, usted tiene cáncer, no sabes si te detienes en la silla o te dejas caer como saco de papas. Como sea, el estruendo interior que sientes se escucha hasta en Indostán. ¿Qué sigue?, lloras y te arrastras, te embriagas como si ...

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Cuando el médico te dice: lo siento mucho, usted tiene cáncer, no sabes si te detienes en la silla o te dejas caer como saco de papas. Como sea, el estruendo interior que sientes se escucha hasta en Indostán.

¿Qué sigue?, lloras y te arrastras, te embriagas como si hubieras perdido al amor de tu vida o te informas, vas con oncólogos, radiólogos, psiquiatras, lees revistas médicas, investigas dónde puedes curarte y escribes, vuelves a escribir más, más y más y te centras en el mal que potencialmente puede terminar con tus días. Tú eliges.

Y la elección me llevó hace unos días a la librería El Péndulo, un año y medio más tarde, a presentar Cáncer, un reto que podemos ganar. Estaban conmigo como presentadores dos eminencias médicas que me trataron como si yo hubiera vuelto a nacer. Ellos fueron Fernando Gabilondo, quien ha sido director del Instituto de Nutrición, entre otros cargos, y José Narro Robles, exdirector de la Facultad de Medicina, rector de la UNAM y exsecretario de Salud federal. Me vi arropado, mi familia, mis amigos, mis doctores y amabilísimos desconocidos.

Ahí las eminencias médicas, Gabilondo y Narro ventilaron la muerte de más de 800 mil personas por las fallas y pésimas decisiones gubernamentales; los más de 50 mil fallecidos del sistema de salud al carecer de las instancias mínimas de protección. Japón que cuenta con una población semejante a Mexico, sólo contabilizaron menos de 50 mil fallecidos.

¿Y cómo nos curamos de cáncer? Hacerlo en un lugar privado, sólo con un grueso seguro de gastos médicos mayores o estar dispuesto a perpetrar un asalto bancario. Me informé en el hospital considerado el mejor del mundo en el tratamiento del cáncer, el MD Anderson Center en Houston y también en el Dana-Farber Cancer Institute de Boston. Las recomendaciones para México se centraron en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan).

¿Y qué encuentras ahí donde la austeridad república ha bajado el presupuesto una vez, otra, y otra hasta llegar a 36 por ciento? Encuentras un tumulto. Vienen de todos los rincones: Estado de México, Colima, Veracruz, Saltillo, Hidalgo, Puebla, Oaxaca y también de Ecuador, Haití y Venezuela.

No todos tienen a dónde llegar, vienen enchamarrados para dormir donde puedan bajo cualquier techo. La farmacia no siempre tiene medicinas como la capecitabina y otras mucho más sencillas como el contraste de Bayer para la tomografía. Con frecuencia los sanitarios no tienen papel y son muchos los que no contradicen los ayunos ordenados por médicos, ya que comer es un lujo. ¡Los médicos y enfermeras se esmeran en su trato, pero somos tantos!

Estar enfermo de cáncer es sentirte tan vulnerable como tratar de cortar camino en Chiapas o en Michoacán, aunque no lleves dinero, sabes que serás asaltado, golpeado o te obligarán a ser sicario. ¿Qué prefieres? Hay ocasiones que tu consulta tarda semanas y los estudios de laboratorio meses. ¿Te hablo de cirugía o radiaciones? Y lo último, impulsado por James Allison, premio Nobel de Medicina en 2018, la inmunoterapia es inaccesible en nuestro país. La doctora María Teresa Bourlón me dijo en entrevista vaciada en el libro: “En inmunoterapia, los fármacos están fuera del alcance de lo que podemos pagar de nuestros bolsillos; el gobierno no ayuda, entorpece”.

No obstante, la actitud creativa, la determinación de salir adelante en esa carrera de obstáculos, el vínculo familiar, tener una pasión, un proyecto, una tarea que beneficie a alguien o a la comunidad, suelen ser compañeros de un viaje exitoso. Enfrentados con el cáncer que nos enferma, esa molécula robusta, caprichosa, autónoma, cuasi inteligente, amenaza nuestra vida. De nosotros y nuestros médicos depende contener al monstruo y seguir vivos.

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