No saber cómo distribuir las medicinas
Otra idea presidencial es crear una enorme farmacia.

Raúl Cremoux
Otros ángulos
No basta abrigar buenas intenciones, en caso de que se tengan; hay que planear y saber hacer para lograr la eficiencia. En el caso del abasto de las medicinas, la evidencia de ignorar primero e improvisar después, ha sido ridículamente trágica.
Bajo el cobijo de la lucha contra la corrupción y de la transparencia, se satanizaron a las farmacéuticas comerciales y a sus redes de distribución. El encargo quedó —aunque no se crea— al mando de la Oficialía Mayor de la Secretaría de Hacienda. ¿Por qué no de la Secretaría de Salud? Obviamente, eso no funcionó. Vino el primer oleaje que anunciaba la falta de medicinas.
Más tarde, la encomienda pasó a esa grotesca figura del llamado Instituto para la Salud y el Bienestar (Insabi). La carencia de medicinas se acentuó. Y si eso ocurría en la gran capital y en la de los estados, bien supimos que la desatención en lugares menos concurridos era notablemente notoria.
Se creó Birmex, una solución que debía ser manejada por el milusos de este sexenio: los militares, que lo mismo son albañiles y constructores de la ampliación del aeropuerto de Santa Lucía, hoy el AIFA, que los encargados de hacer el Tren Transístmico, como el Maya, manejar aeropuertos, aduanas, puertos, aerolíneas o supervisar refinerías.
El desabasto de medicinas continuó y en las farmacias no se encontraron mejores remedios que “le debo ese medicamento, regrese en una semana para ver si nos los surten”. A esto hay que agregar el dato oficial de 45 millones de recetas que no fueron completadas por sus respectivas medicinas.
La improvisación, el desconocimiento de las labores encomendadas y aceptar cargos o puestos para los que no se tiene la preparación debida, son claros, evidentes sellos de corrupción.
En los días que corren, se busca la intermediación de Birmex, que tendría la tarea de convertirse, sin aún lograrlo, en una gran distribuidora de medicinas y materiales de curación. Esto como medida de acompañamiento a otra más de las ideas presidenciales de crear una enorme, gigantesca farmacia donde se ubicarían, todas, absolutamente todas las medicinas que produce el mundo.
En las licitaciones y concursos realizados en el Seguro Social, Birmex compitió, pero fueron tan grandes sus deficiencias que la firma que debiera abastecer las medicinas, fue considerada como insolvente, es decir, incapaz de surtir lo que los doctores recetan.
El IMSS fue, hasta el 2018, la institución encargada de las compras consolidadas de medicinas y material curativo y lo hacía con empresas que el Presidente consideró que eran corruptas. Por ello, así se aseguró, las medicinas estarían ¡bajo el control de la ONU! Sí, de la Oficina de Servicios y Proyectos.
El desajuste ha sido en Technicolor y en pantalla internacional gigantesca. Ahora Birmex y la Cofepris han vuelto a contratar a las mismas empresas comerciales que fueron consideradas como corruptas y, en conjunto con el gobierno, tratarán de instrumentar el Almacén Nacional de Medicamentos, es decir la megafarmaciota.
En cinco años, el número de fallecidos por ausencia de medicinas, tratamientos y aparatos de curación ha sido innumerable. Repasemos: no se han surtido 45 millones de recetas. ¿Quién sabe cuáles son las consecuencias?