Mujeres insumisas
Hoy, las mujeres en la mayor parte del mundo, ya no tienen que vestirse de hombre ni escribir con seudónimo

Raúl Cremoux
Otros ángulos
Las protestas de nuestras mujeres tienen una carga de sufrimientos y aberraciones que no datan de hace algunos años, aunque se han agudizado durante un gobierno que paradójicamente se autonombra feminista y humanitario.
El trato de nosotros, los hombres hacia la mujer –La mujer es un ser de cabellos largos e ideas cortas. Schopenhauer – data desde la antigüedad, etapa donde queramos ponerla, lo mismo en oriente que en occidente.
Relegadas en China de cualquier posición jerárquica bajo el sello patriarcal sin capacidad de adquirir o retener una propiedad ni transmitir su linaje a la descendencia han padecido siempre bajo límites muy estrechos. En Japón llegaron a supeditarse a ornamentar la vida masculina y, entre otras cosas, sufrir la adaptación física de pies y manos. Corea no ha estado lejos de considerarlas un buzón masculino sin mayor capacidad que el de parir bajo pedido. Exactamente igual que bajo la realeza europea. Recuérdese que Enrique VIII rechazó a Catalina de Aragón por no darle un descendiente varón. Sólo hasta hace siglo y medio ocurría algo semejante en seis coronas europeas.
Hace sólo cien años, las mujeres en occidente no podían usar pantalones ni participar en las Fuerzas Armadas ni administrar bienes ni divorciarse ni abortar, esto último es igual en 26 estados de México. Y, si de nuestro país hablamos, podemos tener constancia que en Tlaxcala, Guerrero y Oaxaca, por sus propios padres, hay niñas que son vendidas y entregadas a prostituirse en diferentes burdeles.
Muy cierto, hay avances, sobre todo si los comparamos con los relatos a nuestro alcance de la literatura occidental. Me refiero a los textos de la singular escritora Marguerite Yourcenar en Adriano, Opus nigrum o Cuentos orientales. Ahí vemos las distintas formas de humillar, ultrajar y quitarle la vida a las mujeres en países, tiempos y territorios lejanos entre sí con un solo común denominador: la mujer es menos que nada.
Con un distintivo especial está la publicación de la firma Akal de España: Diosas, rameras, esposas y esclavas que da testimonio cómo era el comportamiento de los hombres con las mujeres en Grecia y Roma.
Habrá quien mencione el despotismo ilustrado del siglo XIX como una prueba irrefutable de la injusticia social, donde niños y mujeres fueron bañados en todo tipo de sufrimientos e injusticias.
En época contemporánea, los ejemplos son innumerables. Someto sólo tres: El muchacho persa, de Mary Renault, que relata el modo en que un joven es castrado, entrenado y educado como un ser de placer que Darío III, le regala a Alejandro Magno. El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz, y sin duda El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, que revolucionó el pensamiento femenino actual.
Hoy, las mujeres en la mayor parte del mundo ya no tienen que vestirse de hombre ni escribir con seudónimo como lo hizo Aurore Dupin de Dulevant bajo el nombre de uno de los grandes de la literatura francesa, George Sand. No, ya no es necesario para aceptarlas, ahora en México luchan y con gran valentía para volver a tener guarderías y medicinas para sus hijos, para no ser acosadas por los poderosos, jefes, patanes que ignoran y desprecian el placer de la seducción.
Y de manera clara, perfilada, constante, enfrentan la adversidad, retan historias de ignominia para ser respetadas en su dignidad y en su legítima sobrevivencia. Ante nuestros ojos está presente la joven generación de mujeres insumisas.