Lo que se juega mañana domingo

A todos nos concierne la unidad del país.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Mañana, 11 millones de mexicanos serán convocados para elegir a sus gobernantes. Esto ocurrirá en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Quintana Roo y Tamaulipas. ¿Qué podemos esperar cuando se han dado múlti­ples denuncias sobre el abuso de gastos más allá de los límites acordados, los amagos del crimen organizado contra candidatos oposi­tores y cuando los principales aspirantes a la Presidencia han apoyado al partido oficial?

Todo indica que no brillarán la equidad ni la pulcritud.

La nación es o debiera ser una asociación voluntaria de hombres iguales. ¿Es así la nuestra?

Las elecciones son parte sustantiva, aunque no son lo único que tipifican y modelan el arquetipo para que a un país se le califique como democráti­co. Este ejercicio se funda en el civismo, que es una virtud pri­vada, individual, de evidente resonancia pública. Esta condi­ción ofrece nacimiento a todas las demás variantes particula­res y manifiesto determinante de que a todos nos concierne la unidad del país.

¿Se da eso entre nosotros? El culto a los derechos ha borrado el listado de las obligaciones al punto que las elecciones cada vez tienen menos credibilidad social y sus resultados nos ha­blan de una sociedad compleja, dividida y descreída.

Veamos un par de ejemplos, harto se ha escrito que, de antemano, dos plazas ya han sido entregadas al oficialismo: Hidalgo y Oa­xaca. De sus respectivos gobernantes, Omar Fayad y Alejandro Murat, se han publicado numerosos relatos de haber negociado el apoyo que, de muy diversas maneras, han ofrecido a Morena. ¿Hay acaso una emba­jada o una subsecretaría como pago a tal componenda?

Los comicios comprometen a lo colecti­vo. No es una abstracción, es el ejercicio de deberes y derechos. Esto se manifiesta con la idea implícita de querer vivir juntos, supone compromisos que minimizan los intereses particulares para dar lugar y enaltecer el in­terés general.

¿Lo representan las elecciones del domingo?

Difícilmente. Los valores que sirven para construir el sentido de la experiencia colec­tiva que legitima las reglas de la moralidad pública y que fundamenta los procesos de pertenencia han sido, en los últimos tres años y medio, severamente dañados. Las violaciones a la Constitución han sido recurrentes y hasta exaltadas. ¿Cómo esperar sean respetadas las normas vigentes a las elecciones, acaso con la presencia de los funcionarios del gabinete presidencial, inter­vención de la violencia contra quienes no militan en el oficia­lismo o con acarreados de to­dos los confines?

Cuando hablamos de la Re­pública lo hacemos con una actitud de adhesión que valo­ra el interés general, moviliza la capacidad de participación, de contribución y de reciproci­dad entre personas y grupos por más distantes y encontradas que puedan ser sus opiniones.

La educación condiciona la formación del juicio y vemos que el gobierno ha renunciado a la tarea pedagógica que, por excelencia, supondría la forma de elegir a los gobernantes. ¿Cómo dejar la emoción para elegir con la razón? Ésta es hoy una ecuación rebasada por una constante empeñada todos los días en poner a un hombre y su partido político como la aspiración suprema.

Estamos en presencia de todos los ele­mentos que pueden llevarnos a la suma de los factores de un absolutismo sin contra­pesos regionales y de instituciones inde­pendientes. He aquí lo que mañana está en juego.

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