La salud pública sin timón ni rumbo

La irritación cada vez más creciente de ciudadanos

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Ni en países que pudiéramos considerar de escaso desarrollo como Madagascar, Ecuador o Senegal, ante la pandemia dejaron semi abandonadas a sus poblaciones, como ha ocurrido en México.

Y decir semiabandonadas refleja insensibilidad, falta de profesionalismo, de ética y, además de irresponsabilidad, un cierto grado de locura. Esto último lo es cuando se miente una y otra vez sobre el número de infectados y de fallecimientos.

Todo comenzó en un decreto, donde, para romper con una real o ficticia distribución de medicinas en manos de unos cuantos, se instrumentó a medias un “modelo de compras consolidadas” donde lo mismo se controlarían costales de cemento, muebles o medicinas. Y esto estaría a cargo de la Oficialía Mayor de Hacienda. Obviamente, la tarea era pesadísima e imposible de cumplir.

Cientos de miles, al principio, y millones, más tarde, de personas se quedaron y siguen quedándose sin medicinas. Entre lo más sonado está el desabasto de fármacos oncológicos, especialmente los dedicados a los niños. Así hemos visto numerosos reportajes de infantes literalmente muriendo ante los ojos de sus padres y sin el auxilio debido por parte de sus médicos. Escenas que creíamos sólo ocurrían en desdichados pueblos de Tagore y Haití.

No sólo eso, la súbita desaparición del Seguro Popular, que sería sustituido por el Insabi, y que aún sigue más como proyecto que realidad, ha dejado a, cuando menos, 22 millones de seres desamparados o pésimamente atendidos, pues no hay registros ni camas ni hospitales ni fármacos. Esa realidad, nos la restriegan en la cara todos los días sin faltar uno solo. Si a ello sumamos la imparable ola de actos violentos, heridos, asesinatos y masacres por arma blanca o por balas, no hay lugar ni camas ni hospitales que puedan atender a la población.

La irritación cada vez más creciente de ciudadanos se adocena con el hecho de que médicos cubanos reciben una especie de beca que administra La Habana y cuyos servicios son abiertamente inútiles. Lo que sí es útil son las remesas de vacunas que el gobierno solidariamente les envía aun cuando deja de hacerlo con rapidez y eficiencia con la población mexicana. Son más de 18 millones de vacunas de las que no se ha sabido informar donde se encuentran. Vacunas que, sin refrigeración, no sirven.

Pero esto no es todo, justo cuando se alcanzan casi 30 mil contagios diarios, es cuando se decide la vuelta a clases presenciales. Cierto, específicamente para niños y jóvenes, la demanda de socializar es cada vez mayor, pues son afectados de forma pedagógica y emocional. No obstante, el número de escuelas con piso de tierra, sin agua, jabón ni sanitarios, rebasa las 80 mil en esas condiciones. Por supuesto, carecen de protocolos nuevos y adecuados en el proceso enseñanza aprendizaje. ¿Cómo llevarlos a la escuela en esas condiciones?

Numerosas escuelas privadas sí cuentan con todo lo anterior, pero, ¿cuántas son y cuál es el costo que esto significa, lo mismo para pagar maestros vacunados, nuevos métodos de enseñanza y cobrar las cuotas —sin duda más elevadas— a los padres de familia?

La desesperación, que es mala consejera, ha llevado, en este caso comprensible, a Samuel García, nuevo gobernador de Nuevo León, quien no recibe apoyo de la Federación, a llevar una caravana de autobuses con empleados y trabajadores a vacunar a Laredo, Texas. Este programa de Vacunación Fronterizo es todo un esquema que busca proteger a diversos segmentos de la población en el norte del país.

En suma, cada quien que se rasque con sus uñas.

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