La ignorada muerte de un gigante europeo

Uno de sus mayores logros es el programa Erasmus.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Las aportaciones que hizo para la izquierda francesa y para Europa lo ubican entre los grandes realizadores de un mundo mejor, su nombre: Jacques Delors.

Hermanado con François Miterrand, fue su ministro de Economía y más tarde logró el que se consideró un milagro, reunir al franco con el marco para crear lo que es el euro, moneda que hoy reúne y circula en numerosos países de lo que hoy es la Unión Europea. Conocido por su gran rigor moral, logró reunir los esfuerzos del canciller alemán Helmut Kohl para convencer a la entonces Dama de Hierro, Margaret Thatcher, para hacer que diez países, y la entonces comunidad británica pasara a tener 15 miembros al conjuntar a España, Portugal, Austria, Suecia y Finlandia.

De hecho, en los diez años que dirige los esfuerzos europeos, convierten a Europa en un gigantesco “país” con 450 millones de ciudadanos y con la libre circulación de personas, mercancías y servicios. Este empuje, permite que hoy, después de haber logrado los tratados de Schengen y Maastricht, la Unión Europea esté formada por: Alemania, Austria, Bélgica, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Eslovaquia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, República Checa, Suecia y Suiza. Latente y muy cerca de incorporarse a plenitud, Ucrania.

Bien sabemos, y muchos británicos lamentan, la salida del Reino Unido de esta Unión que permite a sus miembros una mejor interrelación.

El logro europeo tuvo el mayor desempeño gracias a Jacques Delors, quien le imprimió los elementos sustantivos de independencia, soberanía global y armonía al vencer hábitos, costumbres, lenguas para integrarse en un enorme mercado donde lo mismo se encuentran territorios sin más atractivo que sus torres, castillos, iglesias, museos y playas, que países con todo género de tecnologías, industrias, escuelas, conservatorios musicales y armamento nuclear. Tal diversidad nos habla de una poderosa capacidad de convencimiento y persuasión que hoy es reconocida por la actual presidenta de la Unión, Ursula von der Leyen, al señalar que “Europa, toda, acaba de perder a uno de sus gigantes al morir el gran Jacques Delors”.

Uno de los más connotados logros del recién desaparecido es el programa Erasmus, consistente en el otorgamiento de becas para estudiantes, destinado a impulsar avances tanto en materias duras como las matemáticas, física, química, biología, medicina, nanotecnología como en todas las artes, música, literatura, ballet, orquestación, pintura, artes escénicas, cinematografía y las realidades que conlleva la era digital.

Erasmus es considerado un baluarte en el desarrollo del pensamiento y la creatividad en donde los estudiantes, por pobres que sean, encuentran a través de sus calificaciones, los apoyos y orientaciones necesarios para lograr sus objetivos. De ese modo, las universidades, institutos, escuelas, cuentan con asesoría y recursos destinados a los mejores estudiantes.

Jacques Delors muere a los 98 años tras una fructífera vida cuya expresión mayor está en el decenio de 1985 a 1995, que inspira en los Estados Unidos la creación de algo semejante con el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México, que hoy nos permite —a pesar de los numerosos errores mexicanos— tener un colchón para que existan clases medias más vigorosas y con aspiraciones más logradas.

He aquí la trascendencia de un gigante ignorado por nosotros.

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