La criminalidad pasea a sus anchas

¿Qué es lo que provoca el altísimo grado de inseguridad en que vivimos?

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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Está encargada de luchar contra el crimen y darle al gobierno la justificación de su existencia al protegernos y librarnos de todo mal que pueda ocurrirnos. Es la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Se llama Rosa Icela Rodríguez. Sí, el mismo nombre que gritaba Mario Delgado cuando se le acercó una camioneta, a sus ojos sospechosa, y con los ojos saltones de miedo vociferaba a sus escoltas: “…avísenle a Rosa Icela, háganlo ya…”.

Al comparecer ante la Cámara de diputados, la funcionaria dijo —aunque usted no lo crea—: “…estamos mejor preparados, tenemos una estrategia de inteligencia bien definida para combatir a la delincuencia y esto nos ha permitido que no haya más decesos de personas inocentes, se llama abrazos, no balazos. Sí funciona y los resultados están a la vista”.

No se trata de una broma ni de un acertijo. Es el eje de un actuar que explica bien el por qué se deja libre a Ovidio, el hijo de El Chapo, en Culiacán, cuando ya estaba en manos del Ejército. Explícita la asombrosa conducta de soldados abofeteados y desarmados por una banda criminal, ya no deja lugar a la duda cuando la Guardia Nacional no se atreve a enfrentar a sicarios que los doblegan y, también nos aclara por qué hay (hasta el día de ayer) 106 mil muertos en manos de bandas, pandillas, grupos o individuos que saben gozarán de impunidad.

En los sexenios de Felipe Calderón y de Enrique Peña, las cifras reunidas de los muertos a manos de pandillas criminales llegaron a 87 mil. Cifra enorme, pero muy inferior a la que hoy se exhibe y aún faltan otros tres años. La tendencia que ven los expertos es que se rebasarán en 2024 más de 200 mil sacrificados.

Esos son los resultados que están a la vista y que embonan con la nota roja que nos muestran los noticieros de radio y televisión diariamente. No hay día que los reporteros dejen de relatar los asesinados mutilados y envueltos en bolsas de plástico, baleados, apuñalados o ahorcados en puentes y árboles.

La estrategia es que no hay estrategia. Es una frase convertida en impunidad. El crimen tiene permiso y por eso mismo no se detiene, justo al revés. Se despliega por todo el territorio, ya que la tolerancia sin castigo es una motivación que hace de lado lo que son las becas y las ayudas económicas, pues las causas del crimen son mucho más profundas y diversas. No es regalando dinero como se va a contener la inseguridad, eso les viene como estímulo y está a la vista, como diría la funcionaria.

¿Qué es lo que provoca el altísimo grado de inseguridad en que vivimos? El estudioso Rafael Ruiz Harrel advertía como un factor eje al contraste entre miseria y riqueza, advertir cuan fácil es la vida del millonario tan exaltado y glorificado con la vida de quien vive encerrado en la mazmorra de la ignorancia, falta de educación y de oportunidades.

Los equilibrios de los pueblos son frágiles, si se maneja el lenguaje de la prepotencia, del odio sistemático, si se destruyen las instituciones mediadoras y el respeto y la confianza, se rompen los equilibrios y viene la barbarie.

Doña Rosa Icela, una frase como la empleada como estrategia, tendría como base ver a quién gobierna como un promotor de la seguridad, a un abogado de la verdad, a un protector dedicado a establecer mecanismos reales de justicia y defensor de los valores que a todos nos merezcan respeto.

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