Estimulamos la devastación

Pátzcuaro ha sido quizás el ejemplo más significativo.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Otro campeonato de negligencia y pésima observancia de la razón de un gobierno empeñado en continuar con la degradación de lo que toca. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) indica que el país registra el calentamiento más acelerado en América Latina. Sí, México apunta mayor grado de calor que Brasil y Ecuador, que habían sido territorios de calor extremo; ahora, ese dudoso honor nos pertenece. ¿Por qué?

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El año pasado el país registró un aumento de 0.88 grados Celsius en su temperatura media, viene en el reporte Estado del Clima en América Latina y el Caribe. A finales de septiembre pasado, la sequía ya afectaba al 76 por ciento del país. No era ningún secreto, bastaba acercarse, o lo que el narco permitiera, para ver los lagos de Michoacán, de Hidalgo y del Estado de México para no ir más lejos. Pátzcuaro ha sido quizás el ejemplo más significativo, y también el más doloroso. El turismo comenzó por ausentarse, el pez blanco desapareció y las artesanías languidecen. La ruina, sin que eso importara a los gobiernos estatal y federal. Perdón, hicieron muy poco, tan poquito que ya no existe el que fuera espléndido sitio de fama mundial.

Mario Molina Pasquel, nuestro premio Nobel de Química en 1995, lo comenzó a publicar un decenio anterior. En repetidas conferencias, advirtió que el agujero en la capa exterior de ozono en la estratosfera estaba creciendo debido a los gases freón y derivados. Su batalla duró hasta el fin de sus días. Junto con su asociado Sherwood Rowland recorrieron el planeta y en no pocos países les hicieron caso. Por supuesto no aquí en México. Pero sí en otras latitudes, dando lugar al plan regulatorio de París que el gobierno actual ignora.

Las precipitaciones pluviales, detalla el Informe de la Organización Meteorológica Mundial, han sido inferiores a lo normal entre 40 y 60 por ciento tan sólo en los dos últimos años. Esto se agrava con los gases provenientes de las construcciones de cemento y el empeño de continuar con los combustibles fósiles, especialmente con el combustóleo pesado y las gasolinas para motores de todo tipo.

El Informe de la OMM indica que los peligros climatológicos son mayores cada año y sus consecuencias tienen afectaciones como la padecida en Acapulco hace meses con el mega huracán Otis pésimamente atendido por el gobierno federal mexicano. “Este huracán de categoría 5 azotó la ciudad de Acapulco y ocasionó decenas de víctimas mortales y daños valorados en varios miles de millones de dólares”. Lo sabemos, el Presidente de la República visitó varias veces la base naval de Icacos sin acercarse y guardar prudente distancia con los lugareños.

La OMM advierte que el clima de la región, rodeada por el océano Pacífico y el Atlántico está influida por las temperaturas superficiales de los mares y los fenómenos de acoplamiento atmosféricos a gran escala.

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“En la medida en que los gases de CO2 continúen, los calores y la sequía se recrudecerán, haciendo que la calidad de vida en las comunidades de personas pobres, sean cada vez peores”.

No hacía falta decirlo, bien sabemos lo que ocurre entre nosotros.

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