Entre curas y transportistas

La omnipotencia del hampa anula al mismo gobierno.

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

Otros ángulos

Al avalar y de algún modo legitimar que cinco obispos del estado de Guerrero se reúnan a dialogar y buscar una tregua con Los Tlacos y La Familia Michoacana, el presidente López Obrador nos está diciendo que, tanto las autoridades de esta entidad como las fuerzas del orden han fracasado en la supuesta estrategia de seguridad abrazos en lugar de balazos.

Recientemente hemos visto a Taxco apachurrado y sin transportes, a Iguala cercenada y a Chilpancingo en llamas. La población sabe que la gobernadora Salgado, hija del senador Macedonio del mismo apellido, no solamente no controla, sino que además son omisos ante las bandas y organizaciones criminales; por ello, cinco obispos se han reunido con los asesinos para “negociar” y parar o tratar de hacerlo con quienes dominan y ejercen su poder en Guerrero.

Si se sabe quiénes son, dónde ejercen su mando los exterminadores y  asesinos, ¿qué hace falta para detenerlos ahora que en sólo ese estado hay más de 10 mil elementos por parte del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional? No hace falta mucho para darnos cuenta que lo que ahí priva es la omisión y, por supuesto, la colusión de intereses.

¿Qué podíamos esperar cuando Salgado Macedonio fue desprovisto de la candidatura de Morena y éste cedió entregar el gobierno estatal a su hija?

Justo el recrudecimiento de lo que ahora ocurre. Una casa opaca, un dominio de criminales y una opinión pública sojuzgada, es la delirante confusión babilónica del estado guerrerense.

Por otra parte, muy encadenada, la carretera de Querétaro, que lleva y trae conexiones con el T-MEC, se ha vuelto el terror de los transportistas, y no es el único camino, de hecho, no hay carreteras limpias de asaltos, extorsiones y crímenes. De ahí que hayan convocado a una manifestación nacional con miles de entre ellos. La omnipotencia del hampa anula al mismo gobierno, y transforma la política en rehén de las emociones más bajas.

La reacción presidencial califica a esa queja de los transportistas al umbral ya conocido de que hacen “politiquería”, es decir, no es una demostración que vale la pena atender. Agremiados en la Alianza de Transportistas, con 102 mil afiliados en el país, utilizaron sus camiones, autobuses, camionetas para hacerse presentes en todo tipo de protestas.

¿Cuáles son los números que presentan? Cada 38 minutos hay un asalto en las carreteras del país, son siempre extorsionados, y con frecuencia secuestrados, golpeados o sacrificados. Calculan que se pierden más de 19 millones de pesos diarios y exigen a las autoridades protección y eliminación de esos peligros que afectan muchísimo sus trabajos.

Estamos ante la presencia evidente de un rompimiento con las estructuras de la legalidad y el derecho y vemos la instauración de un régimen de fuerza y arrogancia que divide y mutila a la población para someterla a los dictados de las mafias, que no entienden más lenguaje que el de la opresión.

Entre los curas y los transportistas hay un común denominador, la acción gubernamental ya no pesa ni es diferenciadora entre lo que es correcto y la fuerza de sus propios intereses. El Estado se ha vuelto rehén de quienes apuestan a ganarlo todo sin que haya valor o estructura que los detenga. ¿Hay remedio contra esto o es tan sólo un paso para convertirnos en un Estado gestado y dirigido por narcos?

Temas: