¿En qué radica la fortaleza de una jueza?

Si Salomón juzgara el caso, sabría que la ministra no quiere que se sepa la verdad.Cuenta la leyenda que dos mujeres se disputaban la maternidad de un recién nacido ante el gran rey Salomón. Ambas se decían la madre del bebé. El rey dispuso, como juez supremo, que ...

Raúl Cremoux

Raúl Cremoux

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  • Si Salomón juzgara el caso, sabría que la ministra no quiere que se sepa la verdad.

Cuenta la leyenda que dos mujeres se disputaban la maternidad de un recién nacido ante el gran rey Salomón. Ambas se decían la madre del bebé. El rey dispuso, como juez supremo, que partieran al niño para darle la mitad a cada mujer. De inmediato, una de ellas gritó pidiendo que lo entregaran vivo y completo a la otra. Salomón supo que ésta era la madre.

En nuestro tiempo, la voluntad de transparencia vuelve a ser una imperiosa necesidad de una sociedad acostumbrada al ocultamiento y a todo tipo de turbiedades. Esta exigencia alcanza una necesidad imperiosa cuando observamos que una ministra de la Suprema Corte se ve denunciada de haber plagiado dos de sus tesis, la de licenciatura en la UNAM y la de doctorado en la Anáhuac. En el primer caso, copió un texto elaborado un año antes que el suyo en más del 90%; en el segundo, consiste en haber hecho copia de 12 autores sin darles crédito. A eso se le llama plagio.

¿No sería la ministra desde su alto sitial de juzgadora la primera en querer aclarar estos hechos?

Para nuestra sorpresa, es todo lo contrario. Promovió un amparo para que las investigaciones en la UNAM no se divulguen. Si Salomón juzgara el caso, sabría que la ministra no quiere que se sepa la verdad.

La independencia de los jueces es una garantía para vivir en democracia, es un árbitro supremo de la vida social que siempre toma en cuenta la presunción de inocencia. Esto lo sabe la ministra, pues ha de haberse encontrado numerosos casos en que no se sabía quién tenía la razón; quién era culpable y quién inocente. Jamás imaginó que un juez, en este caso una jueza, se amparara para evitar dar a conocer el fondo de un asunto.

Impedirle a la UNAM que dé a conocer una investigación que involucra a una ministra de la Corte más importante del país es una forma de declarar que vivimos en una anarquía blanda que nos lleva a una pérdida de las referencias morales estructurales.

La dinámica de los encubrimientos, sobre todo tratándose de la impartición de justicia, reside en la simbiosis entre los principios más nobles y los intereses más cínicos. ¿Cómo confiar ahora en las resoluciones de un encumbrado juez que está amparado para que no se hable públicamente de su vida académica; y por daño extensivo, hasta dónde sentirse confiado de toda una Corte de ministros que, en su silencio, protegen un acto de esta naturaleza?

Desde hace 25 siglos, primero en Atenas, luego en todo el planeta, los hombres han reflexionado sobre esto llamado justicia que para nosotros hoy, es como un juguete con el cual no sabemos qué hacer ni cómo manejar.

En el siglo XVII, Luis XIV transformó a sus nobles en espantajos con pelucas y listones que destinaban horas a su arreglo personal, por lo que no tenían tiempo para ocuparse de la política, y menos de la justicia. Estos eran asuntos del rey. En nuestro tiempo, queremos repetir algo semejante, por ello y simplemente por ello, una ministra logra que una colega se encargue de que nadie sepa lo que todos sabemos. Un caso para el rey Salomón.

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